10 cosas que los españoles esperan del Rey Felipe VI

El rey emérito Juan Carlos I tenía muy presente la preocupación  que todo rey en una monarquía parlamentaria sufre: “Como no nos votan, hay que hacer las cosas bien, porque si no es así, nos pueden botar, pero botar con b”[1]. Y el rey Felipe VI, con esa misma convicción, parece tener claro cómo no precipitar el fin de su reinado como le ocurrió a su trastatarabuela Isabel II o a su bisabuelo Alfonso XIII.

Felipe VI revisa unos textos durante un vuelo (Imagen: Casa Real).

Felipe VI desveló algunos de los puntos de su manual de rey en su discurso de proclamación: ser símbolo de la permanencia y unidad del Estado y asumir su más alta representación; arbitrar y moderar el buen funcionamiento de las instituciones; respetar el principio de separación de poderes y la independencia del poder judicial; la voluntad de escuchar, comprender, advertir y aconsejar, y defender los intereses generales de la nación.

Tareas que son obligaciones constitucionales, sin embargo para conseguir la confianza ciudadana hace falta más. El Real Instituto Elcano realizó una encuesta tres días después de su jura de la Constitución, cuyos resultados ponen sobre la mesa ideas para que el rey actúe en consecuencia, es decir, para que Felipe VI ejerza su labor sabiendo que lo que se espera de él también tiene que ver con una serie de cualidades y virtudes que no están reflejadas en la Constitución, pero que son beneficiosas —incluso más— para su imagen.

¿Qué se espera de Felipe VI? Algunas de las aptitudes que los encuestados esperan de su nuevo monarca son los siguientes:

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1. Ser transparente: el 59 por ciento de los encuestados por el Real Instituto Elcano afirmó esperar que Felipe VI dé cuenta en todo momento y con claridad de sus actividades y gastos. Es por ello que el actual rey debe mantenerse firme en su compromiso de dar nitidez a sus cuentas, de lo contrario esa esperanza de transparencia de ese 59 por ciento de los ciudadanos se podría traducir a desafección hacía el Jefe del Estado, con todo el riesgo que eso supondría para la institución.

2. Ser cercano con la sociedad en su conjunto: del mismo modo, la mayoría —el 56,8 por ciento— espera que el nuevo rey sea más cercano que su padre. Un reto que se antoja difícil, pues exige superar la primera mitad del reinado de Juan Carlos I, apodado en ese tiempo “el rey campechano” por su capacidad para mostrarse simpático en distancias cortas.

3. Ser sencillo, austero: La mayoría de encuestados (el 55,8 por ciento) también ve en el hijo de Juan Carlos I la capacidad para encarnar una monarquía más sencilla y austera que la que representó su padre. Es por ello que el rey Felipe debería mantener esa imagen para que no se produzcan disonancias entre lo que los ciudadanos esperan de su rey y cómo este se presenta ante ellos.

4. Ser más cercano con los más débiles: los encuestados también esperan que el hijo de Juan Carlos I sea más cercano con los ciudadanos más débiles o que cuentan con menor visibilidad pública, concretamente el 65,4 por ciento de los entrevistados. Acudir a actos, como al cuadragésimo aniversario del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, sirven al rey para demostrar que nadie es excluido de su agenda.

5. Tener capacidad para influir en una reforma constitucional: en este caso, se aprecia que los ciudadanos se muestran divididos entre los que opinan que Felipe VI tendrá capacidad para influir en una posible reforma constitucional y los que no (32,3 por ciento dicen “bastante influencia” y el 32,9 “poca influencia”). En este punto profundizaremos más adelante.

6. Contribuir a la lucha contra la corrupción: los ciudadanos encuestados creen en su mayoría —el 31,8 por ciento— que Felipe VI no podrá hacer gran cosa para promocionar la buena conducta en la política. Quizás si la encuesta se hiciese hoy, se daría la vuelta a la tortilla después de que Felipe retirase el título de duquesa de Palma a su hermana la Infanta Cristina, que introdujese un código de buena conducta para los miembros de la Casa Real, etc.

7. Contribuir a mejorar la imagen de España en el extranjero: los encuestados muestran su confianza en la capacidad del Monarca para favorecer la “marca España” (el 37,2 por ciento de los participantes de la encuesta del Real Instituto Elcano dicen que Felipe VI podría tener “bastante influencia” para mejorar la imagen de España en el extranjero). Es por ello que el rey no puede olvidar el empeño en mejorar la imagen de la nación más allá de sus fronteras.

8. Contribuir al mantenimiento de la unidad de España: otra de las capacidades que los entrevistados atribuyen al rey es su capacidad para mantener la unidad del Reino (el 33,5 por ciento dice que Felipe VI podría tener “bastante influencia” en esta laboriosa tarea). Como en el caso de la reforma constitucional, más adelante nos detendremos en las utilidades que el rey puede aprovechar en este aspecto.

9. Contribuir a mejorar la imagen de la clase política: aquí claramente se demuestra que el rey debe intensificar sus esfuerzos para captar la atención ciudadana. La mayoría piensa que el rey no tiene ninguna o poca influencia —el 34,7 y el 33,5 por ciento, respectivamente— en una posible actuación para mejorar la imagen de los políticos, tan desfavorecida en los últimos años.

10. Ser símbolo de unidad, concordia y consenso entre españoles: una de las cualidades que debería tener el rey, que tres días después de su proclamación ya destacaban los encuestados, es su papel de convertirse en símbolo de unión entre todos los españoles, así lo dice el 37,7 por ciento.

Después de conocer estos diez puntos, veamos dos que deben ser analizados con más detalle por su enjundia.

Carmen Enríquez, periodista dedicada a información de la Casa Real para el diario La Razón, señala que “lo que los ciudadanos españoles no están dispuestos a dar hoy en día es un cheque en blanco a la Monarquía, sino más bien un apoyo condicionado a que la institución cumpla con sus obligaciones y se comporte de manera ejemplar” (Enríquez, 2015: 254). Y es precisamente ese carácter ejemplar lo que el Monarca ha pulido más durante estos primeros meses de reinado. Decisiones como quitar el título de duquesa de Palma a su hermana, realizar un protocolo para aceptar regalos o la prohibición de que los miembros de la familia real puedan realizar negocios, son actos que conectan con esa idea; y abrir las recepciones a personas de la sociedad civil, con la necesidad de la institución de mostrar cercanía. Sin embargo hay algo más, sería conveniente que el Rey moviera pieza (con la mayor prudencia, como si de una partida de ajedrez se tratara) y tomar mayor protagonismo en la toma de decisiones trascendentales de la vida política. Por ejemplo, en el mantenimiento de la unidad de España y en la reforma constitucional, como reflejaban los ciudadanos en el estudio del Real Instituto Elcano.

Lisón Tolosana establece que “la realeza” en su esencia “es una representación, una figura sintética, una imagen mental (…) Más radicalmente: a la pregunta ¿qué es el rey?, la respuesta antropológica, concisa, escueta, pero plena de significado es: el rey es su imagen. La imagen hace al rey (…) el rey es verdaderamente su imagen y detrás de ella hay solamente agazapado un hombre de carne mortal, un ser corriente” (Tolosana, 1992: 181-184). La imagen que proyecta el Rey debe ser alimentada y no puede ser solo de actos escénicos porque los ciudadanos ya no se conforman con un Jefe del Estado que no vaya más allá de lo simbólico. Sería un hito en su reinado si Felipe VI lograse capitanear grandes capítulos que pasarán a formar parte de nuestra historia —como hizo su padre—, y en estos momentos, tiene la ocasión de demostrar que su presencia en el organigrama institucional de España no es solo simbólica. Siendo las dos citadas anteriormente —la reforma constitucional que todos los partidos quieren y el mantenimiento de la unidad de España amenazada por los independentistas catalanes— dos oportunidades idóneas en un futuro próximo. No se trata de que el Rey tenga más poder político que exceda a las funciones y obligaciones que le otorga la Carta Magna, pero sí que asuma un papel más trascendental en la toma de decisiones cruciales para la Nación.

Notas

[1] Declaración recogida en el libro Felipe VI. La Monarquía renovada de Carmen Enríquez (pág. 254).

 

Bibliografía

– Enríquez, Carmen (2015) Felipe VI. La Monarquía renovada. Barcelona. Planeta.

– Lisón Tolosana, Carmelo (1991) La imagen del rey: monarquía realeza y poder ritual en la Casa de los Austrias. Madrid. Austral.

– Encuesta sobre opiniones, actitudes y expectativas de los españoles ante la sucesión monárquica del Real Instituto Elcano. 

Este artículo forma parte de una investigación más extensa del autor, Manuel Mariscal Zabala. Si desea conocer su trabajo completo póngase en contacto con él: @MariscalZabala // mmzmanuelmmz@hotmail.com
Manuel Mariscal

Manuel Mariscal

Graduado en Periodismo (UCM). Ha completado su formación en la Secretaría de Estado de Comunicación del Palacio de La Moncloa y en el diario ABC. Miembro del equipo de comunicación de la Asociación del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado.
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