¿Qué hay del amor en la política?

«No sólo se controla a las poblaciones mediante el miedo. Todo indica que en los comienzos de todas las grandes civilizaciones, incluidas las modernas, hubo inauditos derroches de amor»

(Tarde, 1903:202 en Lindholm, 1990:70)

En la psicología de masas de Freud encontramos la idea de que el grupo y el líder están unidos no por la efervescencia colectiva ni por la admiración contagiosa sino por el amor (Lindholm, 2001: 69).

Lo que voy a exponer en esta oportunidad es que la seducción del enamoramiento también es pertinente —y visible—en la política. En la edad moderna somos testigos de cómo los políticos ensalzan sus virtudes y proyectan una visión de futuro con la pretensión de seducir y conquistar.

Si consiguen «enamorar» su relato tendrá mayor impacto, su popularidad aumentará y conseguirán trascender. Es la misión de asesores y creativos hoy en día: lograr que los políticos, como las grandes marcas comerciales, cuenten historias, proyecten cercanía y generen valor a través de sus discursos. Por eso apelan o construyen una apariencia carismática. ¿Logra esto similitudes entre el amor de dos personas y el que se puede producir entre un político y su electorado?

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La similitud entre amor y política no es una teoría nueva

Tiempo atrás, pensadores de la teoría política han integrado en un mismo concepto el amor romántico y el carisma que despiertan los liderazgos políticos. Y la idea de que ambos generan pasiones, alegrías, decepciones y tristezas.

¿En qué más se asemejan? Los paralelismos entre el amor romántico y la fidelidad política son varios; veamos algunos:

1. Ambos involucran —comprometen— a las partes por decisión propia

En la ideología occidental se considera que ambos involucran plenamente a las partes con un carácter recíproco, intensidad emocional y expresividad, rara vez encontradas en la familia o en la amistad. No necesitamos que nuestros familiares nos expresen amor para sentirnos queridos. Pero sí lo esperamos y deseamos de la pareja. Si no lo hace, la reacción es contraproducente, como cuando el líder no hace lo que su multitud espera.

De los políticos «nos enamoramos» —los seguimos con asombrosa devoción— porque lo deseamos, lo decidimos y porque recibimos de ellos expresiones que nos satisfacen. Satisfacción de entrega total que no se encuentra siempre en la amistad. Por eso, cuando un ciudadano —o masa— sigue un líder, confía en él su futuro ciegamente, aunque no exista vínculo en el pasado, como sucede con el ser amado.

2. Simplemente ocurren

Donde todos los demás lazos sociales son obligatorios —como el parentesco— o escogidos —como la amistad—, el amor romántico como el carisma político* simplemente ocurre cuando el sujeto es abrumado por el contacto del ‘otro deseado’. Atracción en la que coincide el deber y el placer (Alberoni, 1983: 23, en Lindholm, 1990: 242).

El ciudadano cumple su derecho de elegir, pero si lo hace por su candidato carismático —amado, siguiendo la metáfora— esto le causa placer. O gran dolor, según sean los resultados.

3. Se da una exaltación del «yo»

En el amor, como en el carisma, la pérdida de sí mismo en otro no se experimenta como una disminución, sino como «exaltación, éxtasis y exageración del yo» (Chasseguet-Smirgel, 1976:356 en Lindholm, 1990: 242). A pesar de sentir al otro como “un ser superior”, lo que con él suceda, los éxitos que tenga se consideran propios y se disfrutan de la misma manera. Elevación e idealización que le otorga al líder el poder que ostenta —contribuyendo al ego y al deseo de muchos caudillos, de perpetuarse en el poder—.

4. No existen barreras sociales

En el amor romántico, como en el carisma, la relación entre los amantes se opone a las restricciones sociales, los amantes, como los grupos comunales, son capaces de barrer con los límites de edad, clase y raza en su búsqueda de unidad.

5. Logran la idealización del otro (mitificación)

Nunca se aceptarán críticas del ser amado, otro efecto que se produce en la relación político-votante. El líder carismático siempre merece ser defendido, pues nuestra defensa se transformará en autoconvencimiento de que hemos elegido la opción correcta. El seguidor y el amante reconocen al otro como encarnación de todo lo que es bueno y deseable. Evitaremos a toda costa las disonancias, asumiendo y presumiendo que son los otros los que se equivocan.

«Carisma y romance, expresiones estructuralmente opuestas pero subjetivamente equivalentes»
(Lindholm, 1990: 245)

Finalmente, encontramos que esta idea data de la teoría de Sigmund Freud. Según el padre del psicoanálisis, cada persona de la multitud experimenta la relación con el líder como inmediata y sobrecogedora, cada cual imagina que la mirada del líder va dirigida a él. Los psicólogos de la escuela Freudiana plantean que el líder debe su atracción precisamente al ensimismamiento que logra causar, lo que le da el poder obsesivo para encarnar el “sueño de mando” y sentirse en una sobrecogedora gloria. A todos los que hemos acudido a un mitin de nuestro político favorito nos ha ocurrido que en un momento concreto hemos sentido que sus palabras van dirigidas a nosotros y que cualquier cruce de nuestras miradas era originado por él.

Egos, emociones, grandes tristezas y victorias ajenas sentidas como propias se sienten en la política y en el amor. Y tú. ¿de qué político estás enamorado?

«Aunque se pierdan en la esclavitud, los seguidores se sienten inmersos en el amor»

(Lindholm, 2001:75)

*Carisma definido por Max Weber (1972) como «cualidad de una personalidad por cuya virtud se la considera en posesión de fuerzas sobrenaturales o extraordinarias, no asequibles a cualquier otro; en consecuencia se convierte en jefe, caudillo, líder o guía».

Bibliografía.

Lindholm, Charles. 2001. Carisma. Barcelona, Gedisa.
Freud, Sigmund. 1921 (Edición 2015). Psicología de las masas y análisis del yo.

Alicia Peñaranda
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Alicia Peñaranda

Colombiana. Politóloga, magíster en Comunicación Política Universidad Complutense de Madrid. Consultora de Comunicación y Política, impulsa desde España, formación e innovación en campañas y gobiernos. VICTORY AWARD (Washington, 2012 y 2015). aliciapenarandaf@gmail.com y @aliciapenaranda
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