Los resultados del 26-J, en 7 claves

Análisis resultados 26J. Tras los inesperados resultados que arrojaron los comicios electorales del domingo, cada cual puede hacer su interpretación sobre ellos. A continuación compartiré la mía, fruto de un análisis hecho con la cabeza algo más fría que en la noche electoral y tras revisar los datos que han ido saliendo estos días. Estas son mis claves, muy personales y abiertas, cómo no, a debate sobre este 26-J:

1. Fallaron las encuestas, pero, ¿por qué?

Las empresas demoscópicas no tuvieron su mejor día el domingo. Se sobreestimó a Unidos Podemos y se infravaloró al Partido Popular. Insisten en que el método matemático es correcto y en que la gente, en su gran mayoría, dice la verdad cuando se le pregunta. El fallo, dicen, ha estado  sobre todo en el análisis del votante de UP: una coalición formada hace poco, con votantes muy diversos y un recuerdo de voto difícil de meter en la ‘cocina’ por su juventud. La etapa actual, de mucho cambio y nuevos partidos, lo hace objetivamente más difícil. Esta sobreestimación ya se dio con Ciudadanos antes de las elecciones del 20-D. También se erró con ellos y se aferraron a las mimas causas. Luego están las tesis de quienes defienden que las encuestas no se hacen de forma inocente, afirmando que ‘inflar’ a C’s tenía como objetivo que la gente les viese como voto útil para ampliar el bloque del centro-derecha ante un más que posible desgaste del PP. ¿Podría ser que esta vez se sobreestimase a UP para insuflar miedo a la población? Esto habría ayudado a remontar al PP —en detrimento de C’s— e incluso al PSOE. Aquí la interpretación es libre y de cada uno.

2. La abstención no tiene tanta culpa

En los análisis inmediatamente posteriores a la publicación de los resultados se le dio gran parte de culpa de estos, sobre todo desde los nuevos partidos, a los abstencionistas. Quizás se quedaron con los datos de participación ofrecidos hasta las seis de la tarde, que sí eran más bajos. Y puede también que no tuvieran en cuenta que ya hace calor, que la playa podía llamar, y que España es muy de misa, vermut y paella/comilona los domingos de verano, y eso se suele alargar. Poniéndonos más serios —sin que lo anterior sea totalmente broma—, la abstención se acabó situando incluso ligeramente —algo más de una décima— por debajo de la de diciembre, cuando se situó también en torno al 30%. Un fallo más de la demoscopia, donde se preveían bajadas de entre cuatro y siete puntos (si bien es cierto que todavía queda por contabilizar el voto exterior, lo que puede disminuir el porcentaje de participación global). Por tanto, darle la culpa a la abstención general ahora y no en diciembre no sería coherente, y parece más acertado revisar la abstención y volatilidad de los votantes de cada partido, sobre todo en el caso de UP y C’s. En principio, parece que la abstención ha perjudicado a los primeros, mientras que a los segundos les habría hecho más daño la vuelta a la ‘casa del padre’ (PP) tras ver su voto como inútil de cara a poder conformar gobierno y frenar a Podemos.

3. El ‘Brexit’, el gran olvidado

Pese a que no fue un factor comentado en los análisis de los medios durante la noche electoral, creo que el ‘Brexit‘ sí influyó en los resultados. Como apuntaba al día después el periodista Enric Juliana, la decisión desde Reino Unido funcionó como “freno de mano” a la hora de votar cambio. Hay que tener en cuenta que se produjo cuando ya no había tiempo —ni se podía ya legalmente— de que se pudiese encuestar, y por tanto no se pudo saber cómo afectaría a las elecciones. Personalmente, creo que el ‘caos’ que reflejaron los medios a partir de la decisión de los británicos fue clave para que la gente no se decidiese a intentar más aventuras, activando un voto conservador que pudo darse para todas las formaciones, sobre todo entre los indecisos. No olvidemos que desde PP, PSOE y C’s se relacionó enseguida con Unidos Podemos en clave de desestabilización —pese a que desde la coalición apoyaban el remain junto a los laboristas ingleses—, y esa estrategia es significativa. Pese a no conocerse demasiado bien las consecuencias, el miedo a una repercusión negativa económicamente en un país como el nuestro, que se alimenta fuertemente del turismo británico, pudo ser determinante a la hora de decidir un porcentaje —mayor o menor— de votos.

4. Las ‘dos Españas’

Si miramos los resultados del domingo por provincias, parece evidente que España avanza a dos velocidades diferentes de cambio. En Catalunya, UP ganó en Barcelona y Tarragona, mientras que Girona y Lleida apostaron mayoritariamente por Esquerra Republicana; en Euskadi, los morados ganaron en las tres provincias superando al PNV —al PP en Álava—. Tras estas, sólo consiguieron ser segundos superando al PSOE en las provincias gallegas de A Coruña y Pontevedra, Navarra, País Valencià, Balears y Madrid, que es la excepción entre las provincias de la parte interior de la Península. Todas las demás siguieron con el bipartidismo a la cabeza. Esto puede reforzar a quienes inciden en la diferencia entre las nacionalidades históricas y el resto de España políticamente hablando, y es significativo para el análisis que deberían hacer los partidos tras las elecciones. Los nuevos —en especial C’s— tendrán que trabajar mucho más en esas zonas si quieren llegar a tener algún día posibilidades de gobierno. Por tanto, parece que el bipartidismo o el ‘régimen del 78’ no estaba tan muerto como parecía, al menos fuera de la periferia española.

5. El PP, al que mejor le funcionó ¿la estrategia?

En mi opinión, los populares no necesitaban candidato, ni siquiera estrategia, para sacar los resultados obtenidos. Sólo el contexto político. Sus votantes, por sí solos, vieron en diciembre que el trasvase de votos ‘prestados’ a Rivera y los suyos por una parte de su electorado no fueron suficientes para tener una alternativa sólida entre la derecha. Ante la posibilidad de que UP fuese segundo, y junto al PSOE pudiese llegar hasta la mayoría absoluta —como indicaban las traviesas encuestas—, se produjo el retorno de esos votantes. Rajoy no tuvo ese mérito, por mucho que le rogase a Rivera dejarles paso. Creo que los votantes del PP mantienen una fidelidad tan alta porque no se guían tanto por propuestas, candidatos o pactos. Su motivación tiene que ver más —repito, en mi opinión— con una determinada visión muy sólida de lo que debe ser España, la ‘de orden’. La unidad territorial, y la amenaza alentada por PP y C’s de que con un gobierno progresista se pudiese llegar a celebrar un referéndum en Catalunya y se “rompiese España” —lo cual no estaba nada claro por la ambigüedad de UP y la negativa del PSOE ante el tema—, pudieron ser la razón clave para esa activación del electorado popular. El relato de la estabilidad económica y la promesa de mejora del empleo, para mí, pudieron ser incluso secundarias. Es otro motivo de análisis que podría explicar, en parte, por qué les afecta relativamente tan poco los casos de corrupción.

6. El resto, sin lograr mejoras o cayendo

Si unas líneas más arriba defendía en mi análisis que el PP ha ganado no por su estrategia, sino por la situación y el cariz de sus votantes, también creo que el resto de partidos sí dependían de las suyas, y a ninguno le pareció funcionar. El PSOE sigue en caída libre por no jugar como un ganador, sino como un partido que se conforma con no perder su sitio. Su pacto con C’s para intentar forma gobierno no parece haberles beneficiado, y a su dinámica negativa no se le ve fin: fue sobrepasado por el PP incluso en su feudo, Andalucía, y parece muy desconectado de sus bases y del sentir de la calle. Los de Rivera, como ya he comentado, han sufrido —además de la Ley Electoral— la fuga de aquellos votantes del PP que dejaron de verles como parte del voto útil para frenar a UP, así como el juego a la ambigüedad en un momento de polarización, en el que quizás sean más efectivos los discursos y los relatos claros. El caso de la coalición de los de Iglesias y Garzón, con el resultado más sorprendente, parece algo más difícil de explicar. Quizás fueron demasiado tibios con el PSOE y se relajaron con las encuestas, como denunciaba Monedero, o el discurso socialdemócrata no les benefició como esperaban. En todo caso, y a mi entender, UP no puede crecer mucho más entre los votantes denominados de centro, y debería intentar introducir la visión de una izquierda a la izquierda del PSOE sin caer —o despojándose— del marco del radicalismo.

7. Y ahora, ¿quién cederá para conseguir investir presidente y formar gobierno?

Por último, la pregunta del millón tras todos los análisis que se puedan hacer: ¿Habrá terceras elecciones o por fin se conformará un gobierno? Pues no parece tan fácil, ni siquiera la investidura del presidente. Si el PSOE cumple lo dicho por Antonio Hernando y ni da el ‘sí’ ni se abstiene, y C’s mantiene que hará lo mismo mientras sigan Rajoy y su equipo, es imposible. Si finalmente los de Rivera cediesen, al PP le quedaría convencer al PNV —lo cual también parece complicado— y al diputado de Nueva Canarias Pedro Quevedo, integrado entre el grupo socialista, que también ha dicho que no apoyará ni se abstendrá para que se dé un gobierno de los populares. El apoyo de Convergència queda prácticamente descartado, la película no es la de antes, y entonces el gobierno de la derecha quedaría en manos de las presiones externas e internas que pueda haber hacia Pedro Sánchez. Este podría intentar, legitimado únicamente por nuestro sistema parlamentario, formar gobierno, pero tendría que convencer a C’s y UP para que se entendiesen, algo a priori imposible, o pactar con UP y los partidos nacionalistas e independentistas de Euskadi y Catalunya, otra línea roja de los socialistas. Con este escenario no me atrevo a dar un resultado, y abro el debate: ¿Quién cederá, desmintiéndose, para evitar que los españoles volvamos a las urnas en diciembre?

Rodrigo de Miguel
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Rodrigo de Miguel

Palma de Mallorca (I. Balears, España). Licenciado en Periodismo por la Universidad Autónoma de Barcelona. Máster en Estudios Avanzados en Comunicación Política por la Universidad Complutense de Madrid. He realizado prácticas en los informativos de Televisión Española (delegación Catalunya) y actualmente en la sección local del diario Última Hora (Mallorca).
Rodrigo de Miguel
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