Cinco debates electorales en 38 años de democracia

Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Pedro Sánchez, Mariano Rajoy y Albert Rivera.
Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Pedro Sánchez, Mariano Rajoy y Albert Rivera.

El pasado domingo 18 de octubre La Sexta inauguró la temporada de debates que precederán al 20-D.

Los participantes fueron Pablo Iglesias y Albert Rivera en una cita moderada por Jordi Évole en la que se prescindió de formalismos, de pactar los temas anteriormente e, incluso, de plató. Este encuentro entre los candidatos de Podemos y de Ciudadanos atrajo al 25’2% de los espectadores, es decir, más de 5 millones de personas lo vieron, convirtiéndose en líder de audiencia. Por lo tanto, se puede afirmar que los debates electorales interesan y mucho a la ciudadanía, especialmente en la situación política en la que nos encontramos con dos nuevos actores políticos sacudiendo el bipartidismo.

Pero ¿realmente los debates tienen efectos en el electorado? Sí, pero son limitados. Destacan especialmente dos: dar a conocer a los candidatos y reforzar las preferencias de los ciudadanos.

El primero es importante en sistemas como el estadounidense, sobre todo en el proceso de primarias, en el que los aspirantes son relativamente desconocidos y es en los debates en los que la ciudadanía se forma la primera impresión sobre los candidatos. Sin embargo, en el sistema parlamentario de España este efecto era menos relevante hasta ahora, ya que tanto el Presidente como el líder de la oposición tienen gran exposición mediática durante toda la legislatura. Esto es algo que ha cambiado de cara al 20-D debido a la irrupción de Ciudadanos y Podemos en el escenario político, ya que aunque sus líderes son de sobra conocidos se ha generado una gran expectación sobre sus programas electorales.

Respecto al debate como reforzador de posiciones, resulta evidente que el ciudadano se expone con unas ideas preconcebidas, se ha formado una opinión de los candidatos y tiene una ideología determinada. Y todo esto influye en la interpretación que el elector hará del discurso de los que aspiran a gobernar. Por esta razón, el votante reforzará su voto o se sentirá decepcionado respecto al candidato que más le atraía previamente, pero rara vez decidirá cambiar su intención de voto. Un buen ejemplo de ello, son los tres debates electorales celebrados en la campaña de 2004 en Estados Unidos en las que se enfrentaban John Kerry y George W. Bush. Pese a la clara victoria del candidato demócrata en los tres encuentros celebrados, fue el partido republicano el que ganó las elecciones.

Todo esto nos lleva a que la importancia de los debates es mayor a posteriori, es decir, en los análisis que hacen los medios de comunicación, ya que unos temas calarán más en la agenda mediática que otros. Por lo tanto, el gran reto de los partidos políticos en los debates electorales consiste en colocar los temas de su agenda de campaña en la agenda mediática para que se hable de los temas que a ellos les favorecen. Es lo que se llama la batalla de la agenda y es aquí donde los partidos realmente ganan o pierden el debate.

Poniendo el foco de atención en la historia moderna de la democracia española, de once elecciones generales celebradas, solo en tres los candidatos han aceptado debatir y siempre han participado únicamente el Partido Popular y el Partido Socialista, en las ocasiones en las que han intervenido representantes de otras formaciones ambos partidos designaron otros representantes de menor importancia.

Las ocasiones en las que las encuestas vaticinaban la victoria de PP o PSOE con amplia diferencia, el partido que encabezaba los sondeos ha rechazado acudir a un debate. De esta manera Felipe González rehusó debatir con Manuel Fraga en 1986, al igual que hizo José María Aznar en 1996 cuando Felipe González se negó a que también participara Julio Anguita por miedo a la división del voto de la izquierda. Una vez más, Aznar rechazó debatir en el 2000 con Almunia, a pesar de que los socialistas pretendían incluir en el debate a IU y CiU.

No fue hasta 1993 cuando se celebró el primer debate electoral en la joven democracia española. Fue un encuentro a dos bandas, pese al malestar de Izquierda Unida, entre Felipe González y José María Aznar. Se celebraron dos encuentros pactados hasta el detalle. El primero de ellos lo organizó Antena 3 y lo moderó Manuel Campo Vidal. Aznar se presentó muy preparado y ganó claramente el enfrentamiento frente a un Presidente del Gobierno que acudió confiado e infravalorando a su rival. El espacio contó con algo más de 9 millones de espectadores y estuvo especialmente marcado por las negociaciones previas.

Una semana después, Aznar y González volvieron a encontrase esta vez en TeleCinco, en un debate moderado por Luis Mariñas. El líder socialista aprendió de sus errores y ganó esta batalla, que tuvo aún más espectadores que el anterior.

El siguiente debate electoral tardó en llegar quince años. En 2008 José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy se encontraron en un cara a cara organizado por la Academia de Televisión. Este debate moderado por Manuel Campo Vidal se caracterizó por el cruce de acusaciones y el exceso de cifras y gráficos. El Presidente hizo hincapié en la economía y en su política social y el líder de la oposición le reprochó a Zapatero su política antiterrorista. Finalmente, los sondeos dieron por ganador al candidato socialista. Fue en este encuentro cuando Rajoy habló por primera vez de su famosa niña.

El segundo debate en el que se enfrentaron Rajoy y Zapatero lo moderó Olga Viza y estuvo caracterizado por la cantidad de veces en que los candidatos consultaron sus papeles. Según El País Zapatero consultó hasta 290 veces sus documentos frente a las 170 del líder popular. Si en el debate anterior el punto anecdótico lo puso la niña de Rajoy, en esta ocasión fue el candidato socialista el que sorprendió con su despedida: “buenas noches y buena suerte”.

 

Por último, en 2011 una vez más Manuel Campo Vidal moderó un enfrentamiento entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, con el paro y la crisis económica como protagonistas. Los medios dieron por ganador al líder de la oposición pese a confundir en varias ocasiones a su contrincante con el presidente del Gobierno y se acusaron de mentir mutuamente. Este debate se convirtió en el más visto en España con 12 millones de espectadores

En definitiva, España ha vivido tan solo cinco debates en 38 años, siempre blindados por PP y PSOE y pactados hasta el extremo (desde los temas a tratar, el turno de intervención hasta la temperatura y el color del plató).

Cabe preguntarse si realmente es válido el formato de los debates celebrados hasta ahora. La respuesta es no. Un cara a cara a dos bandas ya no tiene cabida en el panorama político español. Tras la irrupción de los partidos emergentes, intentar fomentar el bipartidismo con un debate entre Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, alegando que ni Podemos ni Ciudadanos tienen aun representación en el Congreso, sería negar la realidad y lo que pide la ciudadanía.

El portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, ya ha afirmado que el debate electoral será únicamente con el líder del Partido Socialista. Pedro Sánchez ha declarado que está dispuesto a “debatir de todo, con todos y sin cortapisas”. El secretario general de Podemos solicitó por carta a los líderes del PP, PSOE y Ciudadanos un debate electoral, sin embargo excluye a Alberto Garzón. Por su parte, Albert Rivera manifestó que prefiere debatir con PSOE y PP, dejando fuera a Podemos.

Si finalmente PP y PSOE deciden debatir ellos solos estarán cometiendo los mismos errores del pasado, esos errores que han provocado el auge de los partidos con los que se niegan a debatir, restándose aún más credibilidad y apoyos, haciendo un uso partidista de los medios de comunicación, especialmente de la televisión.

Lo que la sociedad española demanda es un debate abierto, con periodistas y ciudadanos preguntando a los candidatos, en el que no estén medidos los tiempos ni los turnos de palabra ni los temas estén pactados. En definitiva, que los candidatos respondan a las preguntas en lugar de recitar un discurso elaborado por sus asesores. Eso es lo que se espera de un sistema realmente democrático.

Marian Simón

Marian Simón

Albacete (España). Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Estudios Avanzados en Comunicación Política. Colaboradora en Telva (Documentación), Punto de Encuentro Complutense, La Huella Digital y La Marioneta Digital.
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