Colombia, entre Dr. Jekyll y Míster Hyde

Robert Louis Stevenson escribió a finales del siglo XIX la obra El Extraño caso de Dr. Jekyll y Míster Hyde, en el que hizo una descripción magistral de las luchas internas entre el bien y el mal. Más allá del profundo análisis patológico y sociológico, este es un libro que retrata la desconfianza, temor y rechazo que despiertan las cualidades y visiones de realidad creadas por cada una de las personalidades existentes dentro del mismo ser. Después de la primera vuelta presidencial, el país se despertó con la misma sensación dicotómica.

Estos sentimientos encontrados descansan sobre el hecho de que la del domingo 27 de mayo de 2018 fue una jornada histórica para Colombia. No solo porque fueron los primeros comicios presidenciales después de la firma de los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC. Sino también permitió dejar claro que en el país existen tres realidades políticas que no confían entre si.

Primero, están aquellos que se ven representados por las propuestas del candidato del Centro Democrático (un partido de derechas), Iván Duque. Apadrinado por el aún muy popular, y extremadamente polarizante, ex presidente Álvaro Uribe y ganador absoluto de los comicios en primera vuelta, el relativamente ‘novato’ político (aunque tiene una interesante experiencia corporativa y gerencial en organizaciones supranacionales) se presenta con un discurso que descansa sobre dos ejes: el rechazo a las preventas (excesivas en su visión) que se le entregaron a los dirigentes de las FARC en el anterior proceso de paz, y la reafirmación de políticas económicas, relativamente exitosas, implantadas por su padrino político mientras fue presidente entre 2002 y 2010. Sin embargo, también debe cargar con el oscuro manto tendido durante ese mandato en temas de respeto a la justicia y a la oposición, y eso sin contar con los terribles falsos positivos y los insultantes casos de corrupción descubiertos durante ese periodo.

Segundo, aparece Gustavo Petro y su movimiento Colombia Humana (partido de izquierdas). Este, un ex guerrillero del M19 (amnistiado en procesos de paz de finales de inicios de los noventa) y admirador del ex mandatario venezolano Hugo Chávez, fue un respetado y exitoso congresista, además de un odiado y profundamente mediocre alcalde de Bogotá; obtuvo la segunda mejor votación de la jornada, lo que le permite acompañar a Duque en la segunda vuelta. Lo hizo con un discurso que, aunque mantiene la dinámica polarizante que dominó su alcaldía y una relación maleable con la verdad, aprovecha la indignación de un grupo muy variopinto de personas, dentro de las que se incluyen defensores de movimientos anti sistemas, aquellos que se han visto afectados por procesos endémicos de corrupción y a los que el proceso económico de las últimas décadas no ha favorecido. Aunque son pronunciamientos sin fondo ni lógica política, científica o económica; sí están cargados de una emotividad y ánimos revanchistas que para personas poco reflexivas resultan bastante populares.

Tercero, aparecen las visiones de centro, tanto a la izquierda como a la derecha, que asumen para si mismas la representación de los votos de opinión en el país. Sus propuestas se basaron en ideas sustentadas en la reconciliación, la educación, la ‘decencia’ política, la trayectoria profesional (y política) y la posesión de competencias gerenciales exitosas. Este bloque estuvo representado por tres tendencias.

La más exitosa de ellas, que incluso derrotó al candidato Petro en uno de sus fortines políticos, la ciudad de Bogotá, fue la liderada el ex gobernador de Antioquia y ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo. Junto con dirigentes de centro izquierda, como el carismático ex alcalde Antanas Mockus, crearon la Colación Colombia y buscaron convertirse, con éxito, en una opción para los votantes que no querían ubicarse en ninguno de los extremos del espectro ideológico que defendían las dos opciones, que resultaron ganadoras. Lo hicieron sobre la base de la inclusión y el valor de la educación. A pesar de que no pasaron a segunda vuelta, personificaron una remontada política que puso en peligro el avance de la Colombia Humana al enfrentamiento con el Centro Democrático. Dicho todo lo anterior, a pesar de la positiva imagen del candidato y de que sus ideas no generaban un rechazo polarizante como la de sus contrincantes ganadores, la verdad es que fue precisamente su alianza con políticos como Claudia López (su fórmula vicepresidencial) u Jorge Enrique Robledo lo que le terminó quitando los votos de ‘centro’ que le hubieran permitido seguir en la contienda electoral. Unas se ganan y otras se pierden.

Otras opciones, representativas, fueron las vinculadas con el gobierno de Juan Manuel Santos: su vicepresidente Germán Vargas Lleras y el arquitecto del proceso de Paz Humberto de la Calle Lombana. Aunque tenían credenciales políticas de sobra, al haber sido funcionarios políticos con éxitos reales, el lastre de ocho años en el poder y su vinculación a las polarizantes negociaciones con las FARC, les terminó pasando una costosa factura ya que, a pesar de representar opciones tradicionales de poder y con una aceitada maquinaria electoral, no pudieron pasar de poco más del nueve por ciento de las votaciones.

Para futuras generaciones, este último caso debe servir para entender el poder de saber comunicar bien los logros y acciones de un gobierno, ya que este, que estuvo en el poder de 2010 a 2018, obtuvo logros importantes, algunos visibles y otros no, que pasaron a segundo plano ante la incapacidad administrativa de manejar bien sus mensajes y recursos.

Al final, como en la historia, para cada uno de los protagonistas de esta carrera electoral, la persona que está al frente es un representante de todo lo malo que existe en la sociedad. Mientras que él representa el futuro y la mejora para todos los ciudadanos. La polarización política en Colombia no es una novedad. Sin embargo las distinciones pocas veces se habían visto con tal claridad. Ahora lo único que queda es que estos políticos no se lean el final del libro, que aprendan a vivir con la otra dimensión del ser/realidad y no vayan a recurrir al curso de las cosas que termina proponiendo el autor.

Jairo Dario Velásquez

Jairo Dario Velásquez

Comunicador, con formación magistral en comunicación política y relaciones internacionales, además de especialización en estrategia política. Experiencia como periodista y editor en medios impresos y digitales; y como profesor e investigador universitario.
Jairo Dario Velásquez