Cuando Juan Carlos I preparó a Felipe VI para días como estos

En este periodo de incertidumbre política que vive España, Felipe VI asume un papel protagonista. Es el Rey el que, por mandato constitucional, debe iniciar el proceso para lograr un nuevo Gobierno, proponiendo al Congreso un candidato a presidente del Ejecutivo (artículo 62). Una tarea que por primera vez en democracia se antoja compleja ya que el cabeza de lista de la lista más votada, Mariano Rajoy, renuncia a serlo temporalmente; y el líder del segundo partido en votos obtenidos, Pedro Sánchez, no tiene, de momento, los apoyos suficientes. Un hecho inédito que requiere actuar combinando la habilidad política con la corrección institucional que determina la Constitución.

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Desde que comenzó la primera ronda de consultas de los representantes de los partidos con escaños en el Congreso, Felipe VI mostró su escepticismo a que se consiguiese investir a Mariano Rajoy como presidente. Según recogieron varios medios, el representante de Foro Asturias, Isidro Manuel Martínez Oblanca, confesó que el Rey le dijo tras la reunión: “Tal vez nos tengamos que ver en un inmediato futuro”. Lo que seguramente no esperaba el Monarca es que la segunda ronda se produjera sin haberse celebrado ni siquiera una investidura fallida.

Durante el reinado de Juan Carlos I, este trámite constitucional se resolvió sin complicaciones —salvo con José María Aznar en 1996, cuando hubo algunas dudas al no conseguir éste la mayoría absoluta en las elecciones, pero finalmente logró los apoyos parlamentarios suficientes—. Es de esperar, que finalmente o bien Mariano Rajoy o Pedro Sánchez decidan presentar su candidatura para la investidura, pero ¿y si esto no sucede? ¿O si el candidato que elija el Monarca rechaza su propuesta, como sucedió tras la primera ronda de consultas? Ante este supuesto, la Constitución no dice lo que se debe hacer. Según el constitucionalista Roberto Blanco, “en este escenario solo hay una opción posible: la de que los grupos políticos lleguen a un acuerdo para celebrar una investidura de carácter formal solo para dar cumplimiento al mandato constitucional y con la convocatoria de nuevas elecciones como horizonte”[1].

El problema de fondo es que este escenario, sea cual sea la solución final, puede poner en entredicho el principio de imparcialidad de la Corona. Además, el Monarca puede encontrarse ante el dilema de si es conveniente, por ejemplo, proponer un candidato que sumará apoyos de partidos con ambiciones republicanas y/o independentistas que pusieran en riesgo el consenso que ha primado hasta ahora en el Congreso sobre el artículo 1.3 del título preliminar de la Constitución (“La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria”) o el artículo 2 (“La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”), entre otros asuntos.

Una situación difícil, qué duda cabe, que Felipe VI estará meditando y, como es previsible, consultado cómo salir de ella de manera airosa a sus colaboradores más cercanos. Como ya se apreció en la primera ronda de consultas, el Rey está cumpliendo su mandato constitucional respetando los tiempos y reglamentos, sin excepciones ni fallos. La semana pasada se mostró cercano con todos los representantes de los partidos (salvo los de ERC y EH-Bildu, que decidieron no acudir al Palacio de La Zarzuela). Con Pablo Iglesias ha trascendido que comentaron la situación política apoyándose “en series de televisión” o que con quien más tiempo compartió conversación fue con Albert Rivera, con el que estuvo 100 minutos, más del doble que con Rajoy (cuya reunión fue de tan solo 40 minutos).

Los consejos que le dio Juan Carlos I hace 32 años

Quizás su padre, Juan Carlos I, sabía que ante esta y situaciones aún más difíciles tendría que hacerse cargo su hijo cuando heredará la Corona, y quiso prepararle. Un adolescente don Felipe de Borbón recibió un total de 10 cartas con consejos[2]  —de un Rey a un Príncipe— mientras estudiaba su último curso de bachillerato en el College School de Lakefield (Canadá), entre los años 1984 y 1985. En su primera carta, emitida el 5 de septiembre de 1984, don Juan Carlos le explicaba al entonces Príncipe Felipe el porqué de estas misivas:

Debido a tu estancia en ese colegio del Canadá estás separado de la familia y de España, confió en que las cartas que me propongo dirigirte periódicamente sobre temas concretos e importantes sean leídas y asimiladas por ti con la misma atención y con el igual cariño con que yo las escribo; te hagan sentir más cerca de nosotros y lleven a tu ánimo la necesidad de observar mis consejos para tu bien, el de la institución monárquica que hemos de defender y el de la patria, a la que debemos dedicar todos nuestros desvelos y entregarle lo mejor de nosotros mismosJuan Carlos en la primera misiva que escribió al entonces príncipe Felipe

Estas semanas, 32 años después, Felipe de Borbón —ya como Rey— puede que recuerde estas epístolas con melancolía y con un profundo sentimiento de responsabilidad destacando frases como las siguientes:

Sobre el carisma:

Has de mostrarte animoso aunque estés cansado; amable aunque no te apetezca; atento aunque carezcas de interés; servicial aunque te cueste trabajo; entregado por completo a tu misión, aunque esto signifique privaciones y sacrificios. Tienes que ser ejemplar y acertar a establecer la graduación necesaria para que tu simpatía no caiga en excesiva confianza; para que tu prudencia no se interprete como indiferencia o evasión; para que aunque tengas el orgullo de ser quien eres, no aparezcas como orgulloso; para que sepas tender la mano a todo el mundo, pero cuando la tiendas, sea la mano de un Príncipe o de un Rey. Piensa que te juzgarán todos de una manera especial y por eso has de mostrarte natural, pero no vulgar; culto y enterado de los problemas, pero no pedante ni presumido Carta emitida el 17 de octubre de 1984
Sobre comunicación no verbal:

Acostúmbrate a mirar siempre cara a cara a las personas, fijando tus ojos en los suyos, prestándoles atención y demostrando interés por su presencia, por lo que digan, por lo que hagan. En ocasiones es más difícil sabes escuchar lo que los demás nos cuentan que contarles algo amable o interesante (…) No mires nunca con indiferenciaCarta emitida el 3 de noviembre de 1984

Sobre la estrategia a seguir en su relación con la política:

[En el ejercicio de las facultades moderadoras que la Constitución Española señala al Rey] es de sumo interés estar preparado en materia política, seguir con afición e interés la que en cada momento se realiza en el país, y ser capaz de juzgarla para tratar de influir con prudencia y con tacto. Por eso el Rey no puede inclinarse decididamente por una opción política determinada ni poner de manifiesto jamás sus simpatías, sus preferencias o sus animadversiones y repulsas. El Rey ha de estar con todos los partidos políticos en general y con ninguno en particular, si bien ha de colaborar lealmente con el que en cada momento se encuentre en el poder como consecuencia de unas elecciones libres y acordes con la leyCarta emitida el 21 de enero de 1985
Los triunfadores en una auténtica democracia han de gobernar no sólo para los que les han votado, sino también para los que se han inclinado por opciones distintas, pero forman parte de la nación (…) en caso contrario se puede llegar paradójicamente a una dictadura democrática en la que, además, el Parlamento pierde importancia y protagonismo (…) El Papel del Rey, apoyado en su prestigio y en el convencimiento general de su equilibrio y utilidad, puede estar, precisamente en estos casos, en moderar los abusos de quienes de una manera circunstancial han obtenido el éxito en las urnasCarta emitida el 26 de febrero de 1985

[1] Declaraciones recogidas por el diario ABC.

[2] Las diez cartas se pueden leer íntegramente en el libro El Príncipe y el Rey, del periodista José García Abad.

Manuel Mariscal

Manuel Mariscal

Graduado en Periodismo (UCM). Ha completado su formación en la Secretaría de Estado de Comunicación del Palacio de La Moncloa y en el diario ABC. Miembro del equipo de comunicación de la Asociación del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado.
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