Donald Trump y los republicanos en su primer debate

Republicanlogo.svgEn Cleveland, y dejando de lado el muy pobre trabajo de los periodistas que llevaron la batuta del evento, comenzó la carrera por la nominación republicana a la Casa Blanca. El debate entre los 10 principales candidatos, según las encuestas, fue el escenario elegido por Donald Trump para dejar su marca, robarse el show y demostrar que no tiene claro lo que está haciendo. Sin embargo, el famoso hombre de negocios dejó claro que él sabe de qué van las elecciones en una sociedad mediatizada: darle al público un espectáculo.

Durante las dos horas que duró el evento, el candidato que está dirigiendo las encuestas participó seis veces en uno de los catorce bloques temáticos en los que se dividieron las intervenciones de los candidatos. En esos espacios, más allá de construir argumentos bien desarrollados, o al menos bien sustentados, su discurso se concentró en la idea que los problemas de los Estados Unidos están en la falta de un liderazgo fuerte.

Los encuadres que eligió para delinear su pobre mensaje fueron simples. Primero, él iba a ser políticamente incorrecto, ya que entiende que es la forma de hacer bien y rápidamente las cosas. Luego, él cree que gracias a sus intervenciones el tema de inmigración ilegal se está tratando en la campaña presidencial y no se retracta de lo que ha dicho sobre las personas que llegan a los Estados Unidos de manera ilegal y defiende la idea de la construcción de un muro en la frontera con México. Además afirmó que todos los políticos son estúpidos, empezando por el presidente Barack Obama al que llegó a caracterizar como un incompetente. Y por último, expresó su deseo de simplificar el sistema de seguridad social, evolucionando en sus creencias tal como lo hizo el ex presidente Ronald Reagan, medida contra la que se miden todos los republicanos.

A simple vista parecería que son lugares comunes elegidos al azar por una persona poco preparada. Es conveniente que no se dejen engañar. Desde la década de los 70, los investigadores que se han propuesto identificar los encuadres desde los que las personas construyen sus aproximaciones a la realidad. Parte de esos estudios se han enfocado en la información política y han descubierto que las personas reciben de los medios de comunicación unos datos enmarcados en situaciones de estadísticamente comprobables (encuestas), en extremo personalistas y, por encima de todo, tendientes al conflicto. Una receta seguida al pie de la por el magnate inmobiliario.

Las preguntas que se le hicieron al candidato Trump durante el particular debate organizado por la cadena FOX no hicieron más que ayudarle en la consolidación de sus encuadres. En varias ocasiones sustentaron estas cuestiones sobre los datos que arrojaban las encuestas, que hasta ahora favorecen al ‘Donald’. Continuas referencias a su riqueza y la forma en cómo ha aprovechado las leyes americanas para hacer crecer su riqueza e influencia política buscaban crear en la gente una sensación de rechazo hacia el billonario, pero las respuestas bruscas y básicas del polémico personaje levantaban el auditorio entre risas y aplausos.

Además, los otros candidatos presentes en el abarrotado escenario le hacían las cosas más fáciles. Con excepción del senador Randt Paul, que infructuosamente intentó engranar dos discusiones que terminaron devolviéndosele, el resto de personas que buscan la nominación republicana decidieron ignorar las posiciones y propuestas del dueño de Miss Universo e intentar venderse a sí mismos, buscando con eso recuperar un poco de la atracción mediática que les han robado por la irrupción de Mr. Trump.

El debate, aunque más se pareció a una entrevista múltiple, además permitió comprobar otras líneas constantes en el estudio de los encuadres desde la comunicación política. Primero, la identificación de un enemigo y utilizarlo como válvula de escape cuando los argumentos se reducen a enfrentamientos.

Para todas estas personas, un poco ignorando el fenómeno en construcción de Donald Trump, la única preocupación fue asegurarles a sus votantes que su ilusión es hacer pasar a la historia los dos periodos del presidente Obama. Lo quisieron hacer presentándose a si mismos como personas con capacidad ejecutiva (los gobernadores) o con iniciativa legislativa (los senadores o representantes) investidas de un poder único para unir el partido Republicano, bajar impuestos, aumentar el poder de las fuerzas militares, defender por encima de todo a Israel y gobernar bajo los principios conservadores de separación del gobierno de Washington. Cumplieron al pie de la letra los postulados defendidos por George Lakoff que los presentará antes sus votantes como un padre estricto que le devolverá a los Estados Unidos la gloria imaginada por los Padres Fundadores.

Ahora, no hay que llamarse a engaños. Más allá del colorido de las declaraciones de Trump y la marcada intención de los presentadores en sus preguntas, el debate arrojó una visión, aunque breve, de cuatro personajes con características interesantes y encuadres que los pueden proyectar como candidatos que le pueden competir a Hilary Clinton. El primero de ellos, el gran favorito hasta la explosión de ‘Donald’, es el ex gobernador de la Florida, Jeb Bush, que se presentó a si mismo como un mandatario exitoso, capaz de balancear un presupuesto y a la vez defender los principios conservadores en el estado clave de las elecciones de 2000 y 2004. Su novedad frente al resto de contendientes estuvo en su aproximación hacia una solución mediada frente al problema de la inmigración llevándolo más al campo económico que al de la seguridad y la amenaza de llegada de delincuentes desde países latinoamericanos.

El otro fue el gobernador de Ohio, John Kasich, el último en conformar este abanico multitudinario de candidatos. Este político, con una vasta experiencia en el Congreso de Estados Unidos antes de ser el primer mandatario de uno de los estados más importantes en las elecciones presidenciales, se presentó a si mismo como fruto del sueño americano, de padres inmigrantes de la clase obrera, que gracias a su esfuerzo logró llegar al servicio público, con récord de responsabilidad y equilibrio fiscal. Pero para sorpresa de los indecisos, también se mostró como una persona con ideas integradoras e incluso moderadas, como el enfocar la lucha contra las drogas desde la posibilidad de tratar a los adictos como enfermos, una propuesta casi exclusiva de los demócratas.

Por último, dos candidatos que se muestran como válidas opciones a la vicepresidencia. El primero es Marco Rubio, senador de la Florida, que sustentó sus propuestas desde la ilusión de avanzar hacia futuro sobre las bases de un nuevo liderazgo, dejando atrás el pasado con sus errores. Luego está el doctor Ben Carson, que más allá de sus propuestas de sobre fortalecimiento de las fuerzas armadas, sustenta sus propuestas sobre la necesidad de la educación y la defensa de lo que él denomina como la excepcionalidad de la inteligencia americana. Más allá de estas propuestas, se levantan como dos figuras que fortalecerían el posicionamiento de los republicanos frente a dos minorías que tienen perdidas, los latinos y afroamericanos.

Falta poco menos de 16 meses para las elecciones presidenciales. En enero arrancan las primarias y en verano estaremos ante las convenciones de los partidos encontrándonos los candidatos elegidos para enfrentarse en las particulares elecciones de noviembre. Será mucho tiempo para descifrar estos encuadres y ver quién será el elegido para reemplazar a Barack Obama en la Casa Blanca.

Jairo Dario Velásquez

Jairo Dario Velásquez

Comunicador, con formación magistral en comunicación política y relaciones internacionales, además de especialización en estrategia política. Experiencia como periodista y editor en medios impresos y digitales; y como profesor e investigador universitario.
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