El cambio congelado

A estas alturas el único ‘cambio’ evidente tras el 20D es la mayor pluralidad del Congreso de los Diputados.  El otro ‘cambio’, el de las reformas profundas, o cambio ‘profundo’ del resto del sistema político  (la segunda Transición prometida por emergentes),  se encuentra paralizado ante la imposibilidad de pactos para la formación de gobierno.

El cambio congelado

 

Incluso el ‘cambio’ en las urnas es igualmente cuestionable. Más allá del sistema electoral, lo cierto es que los españoles se han decantado por los partidos tradicionales notablemente en esta ocasión, PP y PSOE, 29,91% y 22,92% respectivamente, y 52,83% en conjunto. En contraste, en las pasadas generales, PP y PSOE obtuvieron, 46,79% y 30,13% respectivamente, y 76,92% en conjunto. Aunque con menor contundencia, las urnas han ratificado su continuidad.

Por otro lado, el logro de los partidos emergentes, Ciudadanos y Podemos, no es para nada desdeñable. Para medir la penetración de sendas formaciones en el Parlamento utilizaremos el índice de Laakso y Taagepera1. En el cómputo para la Cámara Baja, el número efectivo de partidos (NEP)  es de +1,76 respecto a la pasada legislatura (NEP2011= 2,95, NEP2015= 4,71). El índice evidencia la presencia de dos actores más. En otras palabras, Podemos y Ciudadanos irrumpen con fuerza en el Congreso de los Diputados, aunque los favoritos resultan populares y socialistas.

 

Del cambio ‘mínimo’ al cambio ‘congelado’

Del cambio ‘mínimo’ en las urnas, pasamos al cambio ‘congelado’ para la formación de gobierno. En comparación con la X Legislatura, existe una pluralidad parlamentaria mayor en términos nominales, dada la incorporación de los dos emergentes. Ello implica la necesidad de pactos entre las cuatro mayores fuerzas, así como apoyos cruciales de las menores o partidos ‘bisagra’.

Pactos improbables a la luz de las negociaciones fallidas de la última semana. Ninguna de las cuatro formaciones mayoritarias, ni tradicionales (PP, 123 escaños, y PSOE, 90 escaños) ni emergentes (Podemos, 69 escaños, y Ciudadanos, 40 escaños) parece dispuesta a la cesión de líneas rojas para la constitución de un gobierno multicolor (175 escaños de apoyo requeridos como mínimo).

Ante tales circunstancias, se contemplan dos opciones: gobierno de minoría de populares, o la convocatoria de segundas elecciones (con posible mayor remontada de Podemos por desgaste de PSOE, e incertidumbre del PP por pérdida mínima de votos hacia Ciudadanos). El segundo escenario de ‘segunda vuelta’ es igualmente incierto en cuanto a sus implicaciones en la formación del ejecutivo. No es posible dilucidar la nueva distribución de escaños ni las combinaciones de apoyos parlamentarios para la constitución del gobierno central. Y, por supuesto, ni siquiera la profundidad de las reformas del futuro ejecutivo.

En síntesis, lo único cierto es que los ciudadanos han demandado un cambio ampliamente holgado. Los votos se han concentrado en las formaciones tradicionales; y los emergentes ante el mandato de las urnas, frenan las oportunidades de formación de gobierno con mayoría socialista o popular. Por ende, el cambio expresado democráticamente se encuentra congelado. La segunda Transición es intransitable a día de hoy. Por otra parte, en una ‘segunda vuelta’, el pueblo español tendrá la oportunidad de ratificar sus convicciones actuales sobre el cambio ‘profundo’; o  bien, quedar expectante como éstas quedan traducidas por los grupos parlamentarios resultantes con riesgo de glaciación.

 

Bibliografía

1. TAAGEPERA, R., y LAAKSO, M. (1980): «Proportional profiles of West European electoral systems», European Journal of Political Research, 8 (423-446).

Óscar Rioja
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Grado en Ciencias Políticas. Máster en Comunicación Política. Apasionado de mi trabajo.
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