El papel de regalo: Un buen argumento II

 

 

El debate es una batalla de imágenes, por supuesto.

En la anterior entrada analizamos el poder de los argumentos y sus vulnerabilidades. Algunos lectores sostuvieron que los argumentos en si, la lógica, no determina la victoria de un debate. Sin embargo, la confrontación de imágenes tiene un claro objetivo: llevar a la audiencia a apoyar la estructura argumentativa de una de las partes.

En efecto, el papel de regalo o retórica contiene un mensaje vacuo sin argumentación o propósito discursivo. En este artículo nos centraremos en la retórica. Curiosamente, lo más comentado en torneos de debate o debates mediáticos suelen ser los efectos visuales o literarios. Esos detalles llaman la atención y generan recuerdo superponiéndose sobre el discurso contrario.

En el presente artículo recogemos algunos de ellos para un discurso consistente y brillante. El papel de regalo es crucial. Probablemente, parte del auditorio, con un ideario asentado, sea difícil de convencer. Empero, ante la duda entre varias alternativas (por parecido en la argumentación o desidia por comparar desde la audiencia), la propia destacará y conseguirá adeptos de indecisos y defraudados de la oposición.

A continuación se enumeran los 4 compases para envolver un discurso:

1. La primera impresión.

Ante todo recordar, en la primera impresión no hay ‘carta blanca’. El agravio comparativo en la estética discursiva entre contrarios es ostensible y fácil de discernir. Tanto el tono como el léxico deben ser acordes a las ideas y contrastar con los del oponente, a la par que hacerlos atractivos al oído y la vista de la audiencia.

2. El impresionado.

¿Cuál es el objetivo del discurso? ¿A qué segmento o segmentos potenciales se dirige el mensaje? ¿Qué quieres que la audiencia sienta, piense, sepa o haga? En base al público objetivo, se edifica la argumentación y la retórica.

3. Los pliegues del envoltorio.

Es hora de comenzar a envolver el regalo. La presentación de los argumentos deben acompañarse de analogías. Estas facilitan la comprensión de conceptos abstractos o distantes para el día de a día de la audiencia.

El inicio más efectista de un discurso es una una historia o anécdota con cuyo protagonista puede identificarse un miembro del público objetivo. Esta historia incluye una metáfora o analogía que resuma el concepto clave del discurso. Seguramente, el rival hará todo lo posible por refutar el argumento principal que apoye tal analogía. Si lo consigue, el discurso habrá tambaleado. De lo contrario, habremos reforzado la analogía propia y preponderará frente a las contrarias. Fruto de la batalla de imágenes, la red de metáforas fabrica un recuerdo favorable sobre ciertos puntos de la argumentación.

Sin embargo, inevitablemente, un debate de 40 minutos, o más, se hace pesado y la audiencia podría perder el hilo de la batalla de imágenes. Por ello, sería recomendable una pizca de humor (ironía, sarcasmo o reducción al absurdo) para rebajar la tensión y recuperar la consciencia del espectador.

En líneas generales, los recursos retóricos hacen el discurso más sugerente y agradable. Los recursos listan la onomatopeya, la aliteración, la hipérbole, la antítesis, la personificación, el juego de palabras, la enumeración, el paralelismo, y un largo etcétera de palabros no tan reconocibles pero igualmente efectivos.

En cuanto a las metáforas, las encontramos espaciales (arriba-abajo, dentro-fuera, derecha-izquierda), ontológicas (un fenómeno se concretiza en objeto, como cabeza-mente), y estructurales (elecciones-batalla, equipo-barco).

4. Los lazos y la nota.

Como se ha mencionado, la historia (que establece el frame del discurso), las analogías (que lo desarrollan) y los efectos retóricos (que generan recuerdo e impacto) deben introducirse a lo largo del discurso. Especialmente, los momentos álgidos —en cuanto a impacto por atención del público y en el posicionamiento— son el inicio, el nudo y la conclusión del debate.

Precisamente, los momentos más memorables del debate son el inicio y el fin, la primera impresión y la liberación de tensión.

Por su parte, el nudo —en la mitad del debate— es un hito generado a voluntad de los debatientes. Es el momento de lanzar el titular, aquella frase original que enmarque las portadas al día siguiente, la notita del regalo. A este hito se llega haciendo progresar la confrontación mediante las  refutaciones. Tras varios minutos, las partes deberían recapitular los argumentos  e ilustrar el avance del debate a su favor. Obviamente, sendas partes contarán con evidencias suficientes para apoyar los argumentos; pero ¿dispondrán del arsenal y la habilidad retórica suficiente para contrarrestar al contrario?

En tercer lugar, el desenlace nos da las respuestas a todas las incógnitas planteadas por la historia inicial. Estas respuestas se han ido administrando a lo largo del debate. Es hora de atar el regalo. Hay que juntar las piezas argumentativas que han triunfado a nuestro favor, y hacerlo con gracia, con efectos retóricos. Es hora de recordar a la audiencia la historia inicial, el mensaje principal y la metáfora que concreta la postura.

Finalmente el regalo está listo, el público lo ha abierto y disfrutará de él en su memoria. Si anteriormente dijimos que la mejor defensa es un buen argumento, también es cierto que la retórica, el papel de regalo, hace el argumento —el regalo o recuerdo— doblemente efectivo.

 

Óscar Rioja
Nos vemos en

Óscar Rioja

Grado en Ciencias Políticas. Máster en Comunicación Política. Apasionado de mi trabajo.
Óscar Rioja
Nos vemos en

Latest posts by Óscar Rioja (see all)