Felipe González, imagen de un líder carismático

Por el cambio 1982 FG
Cartel electoral de las elecciones generales de 1982 consiguiendo la primera mayoría absoluta

La Real Academia de la Lengua Española (RAE) define el concepto de liderazgo como la condición del líder o también conocido como liderato. Sin embargo, aún no se dispone de una concepción de tal concepto aceptada de manera universal.

Analizando éste en la figura de Felipe González, como bien ha quedado afirmado por diversas investigaciones y otros autores, el ex presidente de España poseía un tipo de liderazgo caracterizado por Max Weber como carismático, es decir, “cuando un individuo reclama poderes excepcionales, sobrenaturales o sobrehumanos y es reconocido por los demás como una razón válida para su participación en un programa de acción en el que se busca remediar problemas extraordinarios o garantizar el éxito de medidas extraordinarias”.

En este sentido, todo líder que posea un carácter carismático debe poseer las destrezas de persuasión e inspiración esenciales para motivar el cambio en una formación política.

Tal fue el caso del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), al cual pertenecía Felipe González, como secretario general primero (1974-1982) y presidente después, ya que, la UCD exprimió toda su capacidad de reforma y el cambio, por consiguiente, estaba servido una vez que el PSOE al frente de su Presidente consiguiera ilusionar al país en su conjunto y movilizar en torno a su proyecto político a amplios sectores determinados (como fue la burguesía progresista, crítica, antifranquista y reformista)

No obstante, debe recordarse una serie de características inscritas en todo perfil de un líder carismático como pueden ser una buena comunicación, la decisión o el oportunismo para ejercer el poder a través de la persuasión verbal, la excitación emocional así como la experiencia vicaria.

Sin lugar a dudas, la imagen tanto pública como política de Felipe González estaba sustentada por un liderazgo indiscutido; fuerte, capaz de transmitir un proyecto político inequívocamente de corte reformista gracias a un partido bien cohesionado y organizado; reforzado después de la celebración del referéndum acerca de la OTAN; tanto interno como externo entre amplios sectores de la sociedad; íntegro y volcado en servir al interés general de España; democrático; y por supuesto, respetado y acreditado tras convertir a España en un país referente a nivel internacional, tomado como ejemplo. En resumen, tras ponerse de moda un país como España en aquellos años.

Esto conllevó a que Felipe González tuviese la oportunidad de pasearse “con gran seguridad por las cancillerías europeas” al igual que proporcionar a su partido, el PSOE, excelentes etapas de larga duración manteniendo una “capacidad de coordinación, de motivación interna y de proyección pública, nacional e internacional”. Todo ello unido a su personalidad política y responsabilidad personal.

De esta forma, pudo gobernar con un entorno económico, social e internacional favorable a partir de su primera mayoría absoluta en 1982 con la incorporación de 202 diputados al Congreso después de haber concurrido a tres elecciones democráticas, siendo éstas las Generales de 1977 y 1979 además de las Municipales del 79, llegando a ser la primera vez que no necesitó pedir expresamente dicha mayoría absoluta, por lo que, tales palabras no formaron parte “ni de sus objetivos políticos ni de su estrategia electoral”.

Este concepto de liderazgo junto a un discurso atractivo y muy bien vendido contribuyó a conseguir la victoria de las primeras elecciones como fueron las de 1982. Como parte de ese liderazgo cobró importancia un criterio político funcional que se mantuvo invariable en el Gobierno por parte de Felipe González desde 1982.

Se trataba de la comunicación y representación, puesto que, la primera correspondía exclusivamente al presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, ya que, depositó su carisma a través de la explicación sobre las acciones más destacadas del Gobierno así como acerca del proyecto político en su conjunto hacia los medios de comunicación y hacia los ciudadanos españoles. Respecto al segundo criterio, también le correspondían las facultades de carácter representativo, siendo líder del Partido y secretario general del PSOE, tomando especial relevancia las de tipo internacional. En definitiva, su misión dentro del PSOE consistió en reinar, delegando sus funciones políticas en Alfonso Guerra.

La primera década de gobiernos de Felipe González fue el período más fructífero y positivo de la historia reciente de España. Aquel donde, pese a todo, continuó manteniendo un considerable depósito de confianza en su persona por parte de la ciudadanía española en su conjunto.

Sin embargo, tuvo lugar un cambio respecto a ese patrón de ejercicio del liderazgo nombrado por parte de Alfonso Guerra en el libro de MEMORIAS como “necesario” y por el “bien de todos” en palabras textuales de González sin que la opinión pública tuviera acceso a unas mínimas explicaciones. Es decir, no se tuvo en cuenta aquello que pudiese llegar a pensar el conjunto de la ciudadanía de España.

Una deriva hacia un tipo de liderazgo caracterizado por el autoritarismo (siendo éste una aberración política y una práctica contraproducente) como forma de ejercicio del poder, parcial e impositivo.

Esto conllevó a visualizarse un perfil distinto de Felipe siendo éste reservado y taciturno que empezaba a sentirse molesto cuando alguien decidía discrepar sobre él. También fue cuando se produjo la llamada hacia la ciudadanía (su electorado) para conseguir alcanzar la mayoría absoluta, como al principio, con el objetivo de poder consolidar el cambio político.

El motivo por el cual se produjo ese cambio en el modelo del liderazgo con la llegada de bastantes problemas posteriormente y disfunciones políticas, que acabó debilitando de forma paulatina al PSOE, fue la asunción de plenos poderes en el Partido Socialista por parte de Txiqui Benegas en enero de 1993 cuando Felipe González se lo comunicó en el Palacio de la Moncloa, siendo atribuido por éste como “poco habitual procedimentalmente”. Aquella asunción plenamente de todos los poderes acabó consolidando un modelo de “presidencialismo”.

Es posible que muchas de estas cosas y otras similares no se hubieran llegado a producir si no se hubiese llevado a cabo un cambio del modelo de liderazgo democrático y el proceder consensuado y en equipo, propio de la trayectoria histórica del PSOE, y que Felipe González tan bien llegó a vender hasta 1993. Puesto que, no fue un líder cuestionado de forma interna ni tampoco conocido por su soberbia sin contar con ideas estrictamente propias.

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María José Javier Laguna

Periodista por la Universidad Complutense de Madrid y magíster en Comunicación Política. Experiencia en medios comunicativos (radio y prensa), marketing (blogs y revista) y social media.

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