27S | Por sus encuadres los conoceréis

Lo confieso. Soy una de esas “raritas” a las que la liturgia de una noche electoral le mantiene pegada a la televisión durante horas, como un niño a un escaparate de chuches.

Maria Forner
Maria Forner. Periodista valenciana, reportera y corresponsal de Canal Nou durante 19 años –hasta su polémico cierre–. Es experta en oratoria, comunicación en crisis e información política.

Os podéis imaginar, por tanto, que la de ayer fue una noche de ingesta masiva de gominolas para alguien como yo.

Antes de nada quiero aclarar que no soy politóloga, así que no seré yo quien haga un profundo análisis político de las Elecciones Catalanas de ayer. Eso lo dejo para los expertos.

Lo mío es la imagen. Analizar lo que la imagen nos comunica. Y a eso voy.

Lo primero que me sorprendió, por antiguo e inefectivo,  fue el formato escogido: Ningún líder nacional –a excepción de Albert Rivera (C’s)– decidió estar de ‘cuerpo presente’ en Cataluña durante la noche electoral. Mariano Rajoy (PP), Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (Podemos), dejaron solos ante las cámaras a sus candidatos.

Para muchos éste puede ser un detalle sin importancia, pero en mi opinión es una metáfora visual perfecta de cómo conciben los principales partidos el eje Madrid-Barcelona.

Técnicamente hablando, el hecho de que para conocer la valoración del PP, PSOE y Podemos, se tuviese que conectar con Madrid, lanza un mensaje claro a la audiencia: “Las elecciones se han celebrado en Cataluña, pero es en Madrid donde se toman las decisiones y se fijan las posturas políticas”.

Y eso –simplemente ese detalle– ayuda a ahondar en la imagen del centralismo. Transmite algo así como: “Nosotros los líderes, vamos a Cataluña (o a cualquier otro territorio) para vender nuestro producto, pero no os equivoquéis, cuando llega lo importante nos volvemos a la capital”.

Que me perdonen analistas y asesores, pero creo que ayer perdieron una estupenda oportunidad de terminar, –por primera vez–, una campaña electoral autonómica de forma coherente en cuanto a la imagen y al mensaje que llevan semanas lanzando: “Nos importa mucho Cataluña y os queremos en España”.

La imagen del candidato sólo en Cataluña y el líder sólo en Madrid, dice exactamente lo contrario a ese mensaje.

Pero profundicemos un poco más y vayamos partido por partido. No analizaré, eso sí, los autóctonos catalanes porque quiero centrarme en los nacionales.

Los peores: Podemos y PP.

podemos

Como he dicho al principio, no me toca a mí valorar los resultados políticos de Catalunya Si Que es Pot –a ellos les sobran analistas– pero sí haré algunas consideraciones sobre su aparición en medios:

Los morados dejaron a Lluis Rabell sólo ante los focos. Una sede semivacía en Cataluña y una sede triste en Madrid. Esa fue, en esencia, la imagen de Podemos el 27S.

Y eso que ésta ha sido la apuesta más fuerte en lo que a comunicación se refiere de Podemos en una noche electoral, porque recordemos que en las elecciones andaluzas, Pablo Iglesias ni siquiera compareció.

Pero vayamos al meollo:

Sólo puede haber algo peor que un mal resultado: una mala conexión. Y la de Princesa anoche fue, técnicamente desastrosa: la imagen estaba pixelada (esos cuadritos que se forman en la pantalla cuando la señal es de mala calidad), el sonido era de ambiente, (o la mesa de audio no funcionaba o no la habían probado, no sé cuál de las dos opciones me horroriza más), el anodino fondo blanco que –aún no entiendo porqué pero parece que les encanta a los de Podemos– ayudaba a dar una mayor sensación de desamparo y para rematar, las caras de los acompañantes de Iglesias (Bescansa y Montero las más visibles) era como de haber pasado una noche sin dormir, haberse levantado y así sin preparase nada, haber salido a una rueda de prensa.

En resumen: Lamentable.

No me adentro en el discurso, pero solo con la imagen el mensaje que lanzaron es: “Hemos perdido”.

PP

Lo del PP fue más de lo mismo, pero con una conexión buena (sólo faltaba con los años que llevan y lo probada que está Génova).

Xavier García Albiol no solo estuvo sólo en Cataluña en la noche electoral, sino que hasta el último momento ni siquiera se sabía quién iba a prestarle auxilio desde Génova.

Una vez más, los populares jugaron al despiste con los medios sobre quién saldría a valorar los resultados. Y estos juegos –que creo que en el PP ni se lo plantean– dan a los medios mucho espacio para el chascarrillo y la broma.

Desde mi punto de vista, una estrategia errada, una vez más… y ya van n+1.

Los populares llevan bastante tiempo reconociendo que “tienen problemas de comunicación”, que “han de renovar su política comunicativa”, pero la verdad, es que cada vez que tienen oportunidad de demostrar que sus palabras casan con sus hechos, la pierden compulsivamente.

Finalmente fue Pablo Casado, la joven promesa mediática del partido, quien dio la cara en Génova bien entrada la noche, en solitario y ante apenas unos pocos periodistas.

“Perfil bajo, es lo más seguro”, dirán sus asesores. Pero ¿No había llegado ya la hora de cambiar? ¿No iban a hacer una apuesta por la transparencia y la cercanía? ¿Qué podían perder? Digo yo.

Con la imagen que dieron ayer los genoveses lanzaron un mensaje que, dudo mucho, sea el que pretendían: “Hasta las Generales, riesgos los justos, pase lo que pase en Cataluña”.

Los mejores PSOE y Ciudadanos

PSOE

Para mí, ésta fue la sorpresa de la noche. Parece obvio que Pedro Sánchez ya se ve como el próximo Presidente del Gobierno, y sin duda, está apostando por forjar esa imagen a golpe de comparecencia formal.

A pesar de que Sánchez se parapetó en Ferraz, el hecho de que Iceta conservara para el PSC la tercera posición en el Parlamento Catalán, hizo que comunicativamente la “protección” del líder, fuera en este caso menos necesaria que en caso del PP y Podemos. Por decirlo de alguna manera, los muebles en Cataluña se habían salvado y Sánchez podía y debía centrarse en lo suyo: La Moncloa.

Hasta Ana Pastor (La Sexta), dio paso a la comparecencia de Sánchez diciendo que iban a la Moncloa… Y es que la escenografía así lo evidenciaba: Las 3 banderas protocolariamente colocadas, el doble micrófono, el traje bien planchado y la corbata. Todo encaja con la imagen de un Presidente de Gobierno serio y preparado.

Si ese era el mensaje que quería lanzar el PSOE: lo consiguió.

Sólo por poner un pero: le falló el prompter. Y sabiendo como sé,  que el asesor de Sánchez es un experto en el entrenamiento de líderes en lectura de teleprompters transparentes, (modo Obama) no tiene perdón que Sánchez apareciese como perdido en el discurso, teniendo que consultar los papeles en reiteradas ocasiones.

 CIUTADANS

La imagen de la victoria fue para Ciudadanos. Si. Ya sé que es lo que todos dicen, así que el comentario no tiene mucho mérito,  pero analicemos detenidamente la estrategia de los naranjas a la hora de dosificar su presencia en medios.

A pesar de que ganó Junts pel Sí, los de Rivera sabían que las catalanas se iban a leer en términos nacionales, y en ese ámbito, ellos eran los ganadores, así que debían actuar como tal y, mira tú por dónde, lo hicieron.

No sólo Inés Arrimadas estuvo arropada por Rivera, cosa que ayuda bastante a fijar la idea de implicación del partido con el territorio y con el proyecto, sino que además midieron bien los tiempos: fueron los últimos en aparecer y eso –cualquiera que sepa algo de comunicación– sabe que es en sí un triunfo (el último que habla es el que más consigue que se le recuerde).

Además en el caso de Ciudadanos, hay que destacar que la presencia de Rivera no es algo excepcional. Rivera también estuvo presente en la noche electoral andaluza, así que no se puede decir que su presencia en Cataluña se deba únicamente al hecho oportunista de que él es catalán –que también– sino que parece claro que Ciudadanos  ha apostado claramente por comunicar que están construyendo un partido que quiere llegar a la Moncloa y que por tanto cuanto más ensalce a su candidato, más fortalece el partido. Y éste es el marco que guía toda su acción comunicativa.

Una línea de comunicación clara y consistente, puede ser buena o mala, pero siempre es más efectiva que una estrategia dispersa.

En cuanto a la puesta en escena, primero habló ella ante unos simpatizantes entregados, en un escenario bien iluminado, abarrotado de gente y transmitiendo una imagen de éxito indudable.

Luego cerró el líder. Su discurso fue tan presidenciable como el de Sánchez, pero a diferencia del socialista, Rivera supo aprovechar el calor humano que sólo se da en estas ocasiones, se mostró cercano, con un discurso claro, seguro e imbricado en el entorno.

Eso sí, un consejo para los naranjas: vigilad la altura del escenario para el tiro de cámara. En ocasiones la multitud haciendo fotos y blandiendo banderas impedía ver a los protagonistas y más que imagen de celebración daba sensación de cierto caos.

No quiero acabar sin repetir que mis juicios no son sobre los contenidos políticos, sino sobre las formas comunicativas. Sin acritud política.

A otros les dejo el trabajo de analizar qué impacto tienen estas formas en los resultados… porque haberlos, los hay.

Por María Forner (@MaryForner)| Madrid

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