La importancia de una nueva política de centro

Por Mario Jaramillo*

España concluye este domingo, con las elecciones generales, la segunda etapa durante poco más de un semestre para tratar de elegir presidente. Lo hace con un 80% de los españoles descontentos ante la situación actual, según la reciente encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). Su principal queja es la incapacidad de los partidos para conformar gobierno mostrada a lo largo de este tiempo.

En esto, precisamente, radica el principal problema: la carencia de experiencia política de España para entender que el multipartidismo plantea un escenario diferente al que estaban acostumbrados los ciudadanos desde la puesta en marcha de la democracia. Por ello la incomprensión latente por parte de la opinión pública, e incluso por parte de los propios partidos políticos. Ante la existencia de una situación inédita que cambia sustancialmente la forma y el fondo de hacer las cosas, ha fallado la comunicación política. El propio sistema no parece haber captado el quid del asunto: lo que ha ocurrido —y que seguramente seguirá ocurriendo— es perfectamente normal en un régimen parlamentario con presencia de cuatro fuerzas políticas determinantes.

Por todo eso hay que entender que ningún partido político español tiene ahora capacidad para gobernar por sí solo, que se necesita una mayoría compleja para que un líder sea presidente y que se requieren coaliciones, incluso insospechadas, para conformar gobierno. Por más de cuatro décadas, España estuvo bajo el manto bipartidista, conformado por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP), aunque con la presencia de pequeñas agrupaciones periféricas. Una situación de esta naturaleza se aproxima más a un modelo presidencialista que parlamentario, el cual altera el tono y la intensidad de hacer política.

Entre las cuatro fuerzas políticas determinantes —PP, PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos— deberá intentarse armar el rompecabezas a partir del lunes. Y la gran pregunta es qué está en juego este domingo.

Por lo visto en los meses pasados y durante la campaña electoral, lo que está en juego es si España debe continuar por el camino de la polarización política o debe buscar la moderación y el equilibrio, propios del centro ideológico. En términos de estrategia, la polarización, que consiste en establecer dos grandes frentes de batalla con posiciones antagónicas, puede por supuesto ofrecer importantes réditos. Es el caso del Partido Popular y Unidos Podemos, formaciones a las cuales las encuestas las colocan en estos momentos como las dos alternativas de gobierno.

Sin embargo, si hablamos de salud política y social, es necesario mirar, más bien, hacia los espacios medios, donde se mueven las acciones que pueden seguir los partidos para atemperar el cambio. Las cifras sobre la preferencia por esta opción de hacer política son inequívocas. De acuerdo con el ya citado estudio, los españoles que se ubican ideológicamente en el centro llegan al 33,5%, más de uno de cada tres, lo que supone una mayoría digna de tener en cuenta.

Es por esto que no es descabellado pensar que la mayor necesidad para el momento político que atraviesa el país es una nueva política de centro, que sobre todo interprete a una clase media que es la arteria imprescindible para mantener en forma a los estados modernos. Este principio, por lo demás, no debería reducirse a las dos fuerzas políticas que ahora se definen como tal: Ciudadanos por el lado derecho y el Partido Socialista por el izquierdo.

La razón es sencilla: la experiencia de países con larga tradición multipartidista señala que a mayor polarización y representación en los extremos ideológicos mayor ingobernabilidad. En cambio el centro, que tanto pregonaba Aristóteles —el pensador que mejor interpretó la naturaleza política del hombre—, jamás constituye una amenaza ni representa un salto al vacío. Y si ese centro ofrece tintes de regeneración democrática, transparencia y justicia social, mucho mejor.

*Mario Jaramillo: Escritor, académico y doctor por la facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, con estudios posdoctorales en la Universidad de Harvard.

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