La teatralización de la política como redención

La estrategia del trending topic llega tarde y mal al PP con el propósito urgente de salvar a un electorado cada vez más líquido y seducido por los nuevos partidos políticos

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En tiempos de crisis el líder debe hacer un esfuerzo extra por acercarse a su público, ¿pero dónde está? / WIKIPEDIA COMMONS

Se abre el telón y aparece el político. No viene a interrumpir la función pidiendo el voto, ni tampoco a hablar de ideologías o programas, ni mucho menos a pedir perdón. Es un actor más que, pese a no pertenecer al campo de lo estrictamente cultural, pretende entretenernos con una historia. Durante la pieza observamos, entre otros, a un Vladimir Putin ejercitando sus bíceps junto al primer ministro ruso Dmitri Medvédev, a Pablo Iglesias encerrado en un ascensor con Ada Colau, a Miquel Iceta bailando el Don’t stop me now de Queen o a Albert Rivera desnudo.

En tiempos de crisis el líder debe hacer un esfuerzo extra por acercarse a su público. ¿Y dónde está? Desde luego ya lo saben: en la cultura popular. De hecho, partidos emergentes como Podemos y después Ciudadanos han sabido servirse de la teatralización de manera notable, apareciendo en televisión con más o menos asiduidad y otorgando gran importancia a las nuevas tecnologías. En el fondo, la cuestión de la cercanía es una problemática histórica de la democracia representativa, acrecentada aún más si cabe por los altos niveles de desafección política.

El hecho de que la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría apareciese esta semana bailando en el Hormiguero no responde al azar, ni tampoco que haya confirmado su participación en el programa de aventuras de Jesús Calleja de igual manera que Albert Rivera. Detrás de cada teatro existe un plan de comunicación política, que conforma lo que se conoce por politainment, o lo que autores como Giapetro Mazzoleni llaman política pop: la tendencia cada vez mayor de los políticos a convertirse en artistas del espectáculo de los medios donde se juega gran parte de la batalla por el control de la opinión pública dentro de una sociedad hipermediatizada. Es más, esta nueva manera de hacer política basada en el entretenimiento encaja a la perfección con la creciente pérdida del peso de la ideología en el terreno por la lucha del poder político.

“La fantasía del espectador emerge como un factor de crucial importancia que convierte lo imaginario en real durante un breve intervalo de tiempo” 

El teatro como espacio público ha sido siempre entendido como un lugar para contemplar, donde la fantasía del espectador emerge como un factor de crucial importancia que convierte lo imaginario en real durante un breve intervalo de tiempo. En este orden de cosas, toma especial relevancia tener en cuenta la teoría sobre las relaciones parasociales de Donald Horton y Richard Wohl, que explica como en los nuevos medios de comunicación se dan relaciones sociales de apariencia interpersonal entre el espectador y el emisor de la comunicación de masas. Es decir, el público televisivo conecta con las personalidades que aparecen en pantalla que resulta una ilusión de cercanía hasta el punto de creer conocerles o, como mínimo, sentirles cercanos. Esto es esencial para los políticos cuando se persigue la teatralización; fenómenos mediáticos como La Sexta Noche son resultado de esta lógica en la que confluyen los intereses por el incremento de la audiencia de los medios y de los votos de los partidos políticos.

Sin embargo, ¿consigue conectar Sáenz de Santamaría? Evidentemente no, o al menos de momento. Las relaciones parasociales necesitan de un proceso continuado, además de una batería de herramientas para volver borrosa la condición unilateral objetiva que se da entre emisor y espectador. Pablo Iglesias -y su equipo- sí ha sabido manejarse en este terreno e incluso podría decirse que ha nacido en él: desde las primeras tertulias en Intereconomía hasta su aparición en el programa de Ana Rosa, a la que invitó a conocer su casa, ha sabido trabajar la gestualidad y el estilo conversacional de un encuentro cara a cara dentro de la televisión, haciendo pasar todo aquello por situaciones de espontaneidad.

Otras de las herramientas para construir el simulacro de la teatralización en esta dirección tienen que ver con el trato a los copresentadores como amigos, haciendo creer a la persona que está detrás de la pantalla que ella también forma parte de lo que está ocurriendo -algo que da mucho juego sobre todo en las tertulias, donde cada vez más el debate se vuelve histérico y vacío de argumentos de peso-. Además , las nuevas tecnologías han venido a sumarse a esta lógica para reforzar este tipo de relaciones de una manera casi ortopédica, portando la idea de que comentando un programa o hablando con un político por Twitter estamos más cerca de ellos.

¿QUÉ PASA EN EL PP?
Volviendo al caso del PP hay que decir que no puede funcionar así, y no solamente porque recientemente hayan criticado tanto a socialistas como a nuevos partidos por dar el salto a la nueva política y ahora -sorpresa- decidan cambiar de opinión. Sino más bien por toda una serie de cuestiones relativas al propio relato del partido en base a su acción política. Entre ellas, las limitaciones internas que tienen que ver con una política de comunicación frustrada y que, en palabras del propio Rajoy, no han sido de lo más correctas y necesitan “corregir errores”. Escenas como las de una rueda de prensa a través de un plasma pasan factura a la credibilidad y difícilmente se pueden remontar.

Por otro lado, la estrategia basada en la técnica del avestruz durante la legislatura de la crisis probablemente haya sido útil durante algún tiempo, cuando evidentemente había imposiciones y recortes inexplicables hasta para ellos. Ahora el avestruz quiere levantar cabeza y alzar vuelo, pero después de tanto tiempo es imposible, tanto para Rajoy como para la aceptación del electorado conservador: choca frontalmente contra todo intento de teatralización que se les pueda ocurrir.

“¿Consigue conectar Sáenz de Santamaría? Evidentemente no. Las relaciones parasociales necesitan continuidad y sortear la condición unilateral de los medios” 

La cuestión es que para que el teatro funcione el público debe entender la interpretación de cada uno de los roles, pues de lo contrario nunca tendría sentido, además de tener que aceptarlo también. Asimismo, que Santamaría aparezca bailando junto a Pablo Motos descubre la gran preocupación del partido por intentar salvar una derrota anunciada -ahí están los resultados en Cataluña-, lo que contribuye a afianzar la percepción pública general. De hecho, Metroscopia confirmaba ayer mismo como el PP perdería Valencia -uno de sus grandes feudos- en el caso de que se celebrasen elecciones generales, pasando del 53.3% de los votos obtenidos en 2011 a un 21.6%.

Lo claro en todo esto es que las malas conductas no pueden corregirse a última hora: la reforma laboral y del aborto, la ley de seguridad ciudadana, los recortes en prestaciones sociales, la represión, los plasmas, etc., generan rechazo dentro del espacio de la cultura popular. La política pop o teatralizada, sea éticamente aceptable o no, nunca puede servir como un manual de emergencia a tres meses de unas elecciones generales. Los responsables de la nueva comunicación de Génova y del Gobierno tendrán que pensar en otra cosa.

Alejandro Alcolea Marín

Alejandro Alcolea Marín

Comunicación Política e Institucional. Interés por la investigación social en nuevas tecnologías, cultura política y movimientos sociales.
Alejandro Alcolea Marín
  • Sergio Casal

    Enorabuena Alejandro. Es un artículo tremendo. En todo caso, creo que Pablo Iglesias ha ido perdiendo ese digamos “capital cultural” (dentro del campo al que te referías al principio) para irse pareciendo cada vez más a un político al uso. Me explico: creo que la sociedad ya no lo ve como al personaje que aparecía en El Gato al Agua batiéndose el cobre con el resto de contertulios a la derecha de la derecha. No creo que el PP consiga gestionar ningún liderazgo dentro del campo cultural antes de las elecciones. Está desaprovechando la oportunidad que tuvo con Pablo Casado, pero creo que Podemos tendría que reformular su estrategia de comunicación también si no quiere tener una fuga por esa vía hacia (aunque suene imposible!!) Ciudadanos, por ejemplo.

    Abro este debate

    • Alejandro Alcolea

      Muchas gracias compañero! Pienso más o menos lo mismo que tú. En el texto ponía a Iglesias como un imán del capital cultural para compararlo con el caso del PP, pero evidentemente no me refería al Iglesias de ahora. Lo más importante es que el PP está intentando jugar a ese juego -a mi parecer- de manera desesperada, y creo que eso incluso podría perjudicarles más que beneficiarles. De momento sabemos que Soraya aparecerá en Planeta Calleja, pero ¿para qué les servirá realmente? Da la sensación de que ni siquiera desde el partido saben muy bien cómo manejar la crisis de comunicación.

      En el caso de Podemos creo que no solamente se debe a temas de comunicación, sino que su crisis se da por muchos más factores, que espero que podamos aclarar en un futuro artículo 🙂