El miedo, no la violencia, fue el factor decisivo en la elección de Colombia

Se acabó la campaña presidencial. Iván Duque es el nuevo presidente electo y Gustavo Petro la cabeza de la oposición. Hasta ahí todo claro. Sin embargo, los resultados de la jornada del 17 de junio dejaron varios frentes abiertos. El sistema político colombiano tendrá una nueva distribución de fuerzas políticas y temas coyunturales, como el futuro de las negociaciones de paz, se convertirán en los escenarios para los nuevos debates ideológicos. No obstante, sin conocer los verdaderos alcances de la polarización que decantó la contienda, el país se enfrenta que, dejando atrás a la violencia, el MIEDO a la otra opción política se ha convertido en el gran elector de segunda vuelta en Colombia.

El pasado 27 de mayo, con confirmación de la llegada de Duque y Petro a la segunda vuelta se despertaron las alertas en todos los rincones del espectro político colombiano.

Desde la derecha el miedo era la verdadera posibilidad de que llegaran al poder simpatizantes de los sistemas defendidos por caudillos de izquierda como el ex dictador venezolano Hugo Chávez. Desde la izquierda el temor estaba en el regreso al poder del temido, y un poco sombrío, ex presidente Álvaro Uribe. Y en el centro los recelos surgían de las amenazas a la estabilidad de la paz, personificadas por las opciones conservadoras, y a la economía, encarnada por los discursos de la izquierda populista.

Las personas, a través de las encuestas, los medios de comunicación y las redes sociales no dejaron de expresar las profundas sospechas que despertaban cada una de las opciones políticas disponibles. La emocionalidad, lastimosamente típica del actuar de los colombianos, se convirtió en un elemento común para definir sus votos y, especialmente, rechazar las ideas y propuestas que venían desde el otro lado del espectro político.

Estas turbaciones son las que al final pueden llegar a pensar que las cifras de la votación no se traducen directamente en apoyo fiel a cada una de las opciones. Ni Gustavo Petro sacó poco más de ocho millones de votos porque convenció a la gente con sus propuestas, ni Iván Duque se convirtió en presidente electo por la fuerza de sus propuestas en los campos económicos y de seguridad.

Al final, los votos asegurados de cada opción son los que obtuvieron en la primera vuelta, en este caso 7,6 millones de votos para el candidato conservador y 4,8 millones para el político de izquierda populista.

Los 2,7 millones que ganó Duque y los 3,1 que sumó Petro no son de ellos. Son fruto del miedo que despertaba su contraparte política. Y se llega a esta conclusión porque el dato de la abstención no bajó mucho, apenas dos puntos porcentuales. Por lo que el traslado de votos se dio exclusivamente por el pavor que emocionalmente despertaba la opción de que una de las opciones llegara al poder. Por esta razón, al final, el que ganó es que menos miedo despertaba.

Jairo Dario Velásquez

Jairo Dario Velásquez

Comunicador, con formación magistral en comunicación política y relaciones internacionales, además de especialización en estrategia política. Experiencia como periodista y editor en medios impresos y digitales; y como profesor e investigador universitario.
Jairo Dario Velásquez