Los mitos de Roland Barthes

Hoy no es 8 de marzo. Una realidad que a menudo olvidamos. Hace unos meses que fue el Día Internacional de la Mujer. Hoy no lo es. Ni mañana lo será. Pero, ¿por qué razón sólo el 8 de marzo es 8 de marzo, disculpando la redundancia?

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Roland Barthes, autor de “Mitologías” (1980) | Fuente: Dialnet

Hace un tiempo escribía en relación a la crisis de refugiados y, en concreto, al caso de Aylan Kurdi: «La sociedad necesita héroes. Sin superpoderes. Iconos que nos hagan sentir menos miserables. Símbolos en los que proyectar los aspectos positivos incorruptibles de la Justicia y la humanidad. Que establezcan una frontera entre lo negro y lo blanco. Que hagan visibles a los malos. Los necesitamos en nuestras conciencias. Pero no hay buenos y malos: hay vivos y muertos; asesinados y asesinos; responsables y más responsables». Es un asunto de mitos. 

Un buen amigo mío, también periodista, me comentó —en un tono desenfadado e irónico sin duda— durante el día de la mujer trabajadora: “Si tan feminista fueras no necesitarías ir subiendo la fotito” (en alusión a una de las miles de fotos con mensajes que se comparten durante ese día). Y me hizo reflexionar. No porque se refiriese a mí en concreto, porque me conoce. Más bien por el proceso de mitificación que se desarrolla a respecto de este tipo de “días de…” y que, en muchas ocasiones, provocan un efecto rebote. Me explico.

“La lucha empieza y acaba el 8 de marzo para gran parte del mundo.

¿Qué pasa cuando institucionalizas el descontento? Que éste se diluye. El Día Internacional de la Mujer es una fecha necesaria a día de hoy en una sociedad todavía a años luz de un ideal igualitario. El problema está en que, en muchas ocasiones, lo que provoca es el encapsulamiento de la reivindicación en un único día, en el cual personas de un amplio abanico de ideologías aprovechan para hacer su alegato. Y fin. La lucha empieza y acaba el 8 de marzo para gran parte del mundo. Y es triste por los cientos de miles de personas que cada día se dejan la piel luchando por la igualdad y que, cuando no es 8 de marzo, no reciben la atención que merecen. Pero ésta es la sociedad en la que vivimos. Desigual. Machista. Esclava de las audiencias y de los mitos en tanto alegorías de hechos memorables.

El 8 de marzo fue declarado como Día Internacional de la Mujer Trabajadora por la Internacional Socialista en el año 1910. No obstante, una historia dramática ha sido asociada a esta fecha: El incendio de la fábrica de confección de camisas Triangle Waist Co. que en realidad fue el día 25 de marzo de 1911: Los dueños de la fábrica habían cerrado las puertas de las escaleras y sellado las salidas para evitar robos, lo que provocó una auténtica catástrofe humana. Este desastre favoreció ciertos cambios legislativos, así como la creación del Sindicato Internacional de Mujeres Trabajadoras Textiles. Así, el suceso del incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist, el levantamiento de las 20.000 y otros hechos históricos de la época, han contribuido a generar un mito alrededor de la fecha que se celebró hace dos días.

En este sentido y contrariamente a lo que los historiadores pensaban, vivimos en las sociedades más mitológicas de la historia. En nuestro tiempo perduran, se crean y se difunden muchos más mitos que antes. Entendiendo el trasfondo sociológico del término mito:

Para el filósofo galo Roland Barthes, en las sociedades modernas es necesario establecer diferencias entre mitos y mitologías. La mitología es un haz de mitos elaborada desde el poder para fijar una cultura colectiva desde arriba. Los mitos locales se traducen en mitologías y desde ese punto de vista, cuando un poder político trata de generar una cultura hegemónica tiene que hacer un gran esfuerzo para conocer qué comparte cada sociedad (derechos humanos, libertades, etc.)

El problema es que la teoría desarrollada en la ensayística de Barthes (cuyo punto de vista es sociológico) fue escrita en un momento de revoluciones (mayo del 68) y buscaba cómo crear una sociedad idealizada sin mitos, lo que ha desacreditado en parte la obra final. Atendiendo al enfoque de Barthes, la clase capitalista genera mitos que alienan a la clase trabajadora y dominada, y el discurso proletario es construido entonces a partir de realidades.

De hecho, en las mitologías burguesas habría una serie de mitos que se repiten. Y ojo porque en las campañas electorales, de las que difícilmente nos libramos, los mitos de Barthes aparecen en cada esquina. Para muestra:

Principales mitos (Roland Barthes)

La vacunaLa privación de la historiaLa identificaciónTautologíasNinismoCuantificar lo cualitativo y cualificar lo cuantitativoVerificación metalingüistica

El discurso político comienza confesando un mal. Para el que “mi partido, o yo”, somos la vacuna, el remedio (que será in extremis y doloroso) pero la situación lo justifica. También consiste en confesar el mal superficial para ocultar el mal fundamental.

P.ej: «El populismo es el enemigo de las reformas. Con economías más resistentes, reformas y mejor coordinación económica, podemos dar mejor respuesta a los riesgos que amenazan el crecimiento» Mariano Rajoy (4 de septiembre de 2016).

“No venimos de ningún sitio”. Se oculta la trayectoria de los problemas que traemos:

P.ej: «Somos valientes, no tenemos mochilas y no le debemos nada a nadie» Albert Rivera (2 de abril 2016).

Mito pequeñoburgués por excelencia. El ciudadano de la sociedad capitalista ignora al resto de las formas de vida que no tengan que ver con la suya. Tenemos entonces dificultad para aceptar o ver al resto que vive con patrones diferentes “los que no viven como yo, la culpa es suya”.

P.ej:«La pobreza infantil se produce porque los padres son pobres» Arenales Serrano (PP) (junio de 2015)

Resumir una cosa por sí misma (recurso retórico). “La economía es como es”, “el país es así”. Como no se quiere dar la explicación que ese hecho merece de cara a la población, pues se recurre a este tipo de expresiones, además de forma indignada.

P.ej: «Ustedes son la corrupción», Pablo Iglesias a Mariano Rajoy en agosto de 2016. 

(Creación de Barthes) Consiste en enfrentar dos discursos contrarios para rechazarlos a ambos. Hacer una analogía (engañosa) o polarizaciones ilegítimas ambas.

P.ej: : «La solución no es el comunismo, ni la extrema derecha. No queremos ni rojos ni azules». Albert Rivera (julio de 2016)

Los políticos conservadores tienen como tendencia presentar como radicales las demandas socialdemócratas (servicios públicos, pensiones, etc. para tener un nivel de consumo superior). Este tipo de políticas fueron las únicas legítimas desde los 50 y en los 90 se convirtieron en antisistema y se asociaban las políticas económicas keynesianas con las socialistas, cuando son contrarias.

P.ej: « (La austeridad) no es un fin en si mismo, sino el instrumento indispensable para realizar políticas de crecimiento que conlleven la creación de empleo y hagan sostenible el modelo de sociedad del bienestar» Mª Dolores de Cospedal (mayo de 2012)

hay dos formas de defender la veracidad de un juicio; una por los hechos y otra por el lenguaje (a la que se recurre aquí, en política). Muchas veces no se puede acudir a los hechos aquí, y es en estos casos en los que se recurre a la argumentación: pues la verificación metalingüística es una forma eficaz (errónea) para intentar sustentar la fiabilidad de un juicio político en otro juicio con el que no tiene una relación lógica, sino circunstancial (ejemplo: refranes). Los refranes son, para Roland Barthes, la institucionalización de este tipo de verificaciones. Todas las sociedades tienen un fondo de cultura compartida que se da por sentada, y aunque desde el punto de vista argumentativo puede ser muy burda, es efectiva, porque la mayoría de la gente no las cuestiona. Lo que encontramos aquí es un reconocimiento de las jerarquías heredadas del pasado.

P.ej: «Cuando el socialismo entra por la puerta, el empleo sale por la ventana» Esperanza Aguirre en 2011.

 

 

 

 

Es cierto, los mitos cumplen una necesidad de reconocimiento, y los que circulan en la sociedad son “los nuestros” porque se necesita un marco cultural (el universal social; que se da en todas las formas de sociedad conocidas). Pero los mitos también pueden ser peligrosos en tanto se conviertan en un elemento sustitutivo de la realidad y las necesidades sociopolíticas concretas. Y vivimos un momento en el cual no nos podemos permitir que ciertas demandas se conviertan en mitos. El feminismo no puede ser un mito. No puede formar mitología. El feminismo tiene que responder a un funcionamiento normal de la sociedad. En el día a día. En la cultura, en la educación y en el ámbito de la gestión pública en general. Si no se generan elementos de cohesión cultural en torno a la igualdad, difícilmente la sociedad va a caminar hacia ella.

El 8 de marzo se alimenta del mito. Y la reivindicación vive de una historia real. Sí. Pero el mito no se puede convertir en cosa de un momento. Para ello, traslademos el 8 de marzo a nuestro día a día. Pongamos el 8 de marzo en nuestra forma de relacionarnos con el mundo que nos rodea.

Sergio Casal
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Sergio Casal

Asesor en Comunicación Institucional at Diputación de A Coruña
Oleiros (España). Periodista (USC), especializado en Estudios Avanzados de Comunicación Política (UCM). Actualmente, asesor de Comunicación en Diputación de A Coruña y estudiante de Ciencia Política y de la Administración (UNED). Escríbeme a sergio.casalf@gmail.com
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