Pablo Iglesias y el 12O

No hace falta ser un genio para saber que la jornada del 12 de Octubre que vivimos este año tuvo dos grandes protagonistas, eso sí, por motivos diametralmente opuestos: Albert Rivera (C’s) por su presencia, y Pablo Iglesias (Podemos) por su ausencia. Lecturas políticas habrá miles, pero aquí, solo voy a centrarme en la gestión comunicativa que me parece más curiosa: la de Podemos.

Maria Forner
Maria Forner. Periodista valenciana, reportera y corresponsal de Canal Nou durante 19 años –hasta su polémico cierre–. Es experta en oratoria, comunicación en crisis e información política.

 

Basta con repasar la emisión de las principales televisiones nacionales para percibir dos cuestiones que me parecen relevantes:

1. Una obviedad: La ausencia de Pablo Iglesias en los actos del 12 de Octubre dejó el terreno libre para que Albert Rivera se hiciese con todo el protagonismo.

2. La postura del líder de Podemos únicamente se explicó mediante la carta que Iglesias hizo pública para declinar la invitación de la Zarzuela y/o, —dependiendo de qué TV veamos—, una declaración de su Secretario de Organización, Sergio Pascual, desde Andalucía.

No voy a entrar a valorar si me parece acertada o equivocada la decisión de Iglesias de declinar la invitación. Ni mucho menos, en analizar cómo se gestionó el tema de la invitación (eso necesitaría otro artículo). Imagino que él y todo su equipo sopesaron ambas opciones y quiero pensar que creyeron que no asistir era la mejor forma de trasladar su mensaje.

Sin duda, el silencio, a veces, también es una opinión. Pero ¿qué mensaje ha llegado? ¿A quién? ¿Era el que Podemos quería? Vayamos por partes:

En primer lugar lo que más me llama la atención es que observo una discordancia entre lo que Podemos dice y lo que Podemos hace. Es decir, entre su storytelling y su storydoing. Me explico. Iglesias, en su carta afirmaba que “era más útil en la defensa de los derechos y la justicia social en este país, que en este tipo de actos”, bien, ya he dicho que no valoro los argumentos políticos, pero entonces: ¿Dónde estuvo Pablo Iglesias ayer? Creo que si se dice esto, lo más adecuado, desde el punto de vista de la coherencia comunicativa, hubiese sido refrendarlo con hechos: ¿Por qué no comportarse con normalidad? ¿Por qué no hacer una convocatoria a medios como todos los lunes? ¿Por qué no comparecer en algún acto de índole social? ¿Por qué sí hizo declaraciones Sergio Pascual y no Iglesias?

En resumen, ¿por qué no hacer coincidir lo que se dice con lo que se hace?

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Resulta evidente que como consecuencia de este silencio, de este “estar sin estar”, todo el espacio, toda la voz, fue a parar a Rivera. Y ¿cuál es la consecuencia? Pues bien, hay que tener en cuenta que si dejamos que “otro” ocupe nuestro lugar en los medios, dejamos de ser nosotros los emisores, dejamos de controlar el mensaje que se da de nosotros y de nuestra postura. Se cede, por así decirlo el “micro” al enemigo. Un micro, que por cierto, nadie desaprovechó, no solo Rivera. Y tampoco entraré aquí a valorar si se aprovechó políticamente bien o mal. Sencillamente, se aprovechó. Cualquier actor tuvo oportunidad de expresar su versión sobre la ausencia de Iglesias, a excepción del propio Iglesias.

En otro orden de cosas no puedo evitar revisar una cuestión puramente técnica: No acabo de entender el porqué Podemos pensó que una carta, —sin audio y sin video—, o un tuit, —un formato con las mismas características pero que además sirve para subrayar que sí que se está presente aunque no se salga a hablar—, bastaría para compensar el discurso de todos los demás. En televisión las cosas no funcionan con cartas y tuits. Al menos, no sólo con eso. Y esto creo, que el partido de Iglesias debería saberlo a estas alturas.

Por último, y para no extenderme demasiado, también hay que tener en cuenta que los actos del 12-O son importantes en lo que a comunicación se refiere,—más que por los desfiles y los besamanos—, por los corrillos periodístico-políticos que se forman tras la recepción Real. Una oportunidad estupenda para establecer contactos, dejar caer titulares off-the-record, o sencillamente medir el clima mediático en el que tendrán que desenvolverse justo antes de que empiece la campaña electoral. Una oportunidad que Pablo Iglesias, declinó, al declinar la invitación.

En conclusión: creo que,—aunque es más que posible que el mensaje de Podemos llegase alto y claro a sus militantes que ya conocen de sobra este juego de silencios y escenificaciones—, no creo que este mismo mensaje haya llegado tan nítidamente al resto de votantes. Esos que Iglesias necesitará si quiere confirmar sus expectativas electorales. Veremos.

 

Firma invitada

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Las firmas invitadas corresponden a colaboradores expertos en comunicación y cualquiera de sus ámbitos de influencia.
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  • Raúl Soriano

    En mi opinión, la intención de Podemos es desmarcarse de lo que identifican con un continuación de los consensos constitucionales que ahora se visten de ‘reformismo light’. Mostrarse con todo el stablishment puede identificarles con esa continuidad. Cierto es que, dentro de ese continuismo el yerno ideal está encarnado por una figura joven y que se desenvuelve bien en el nuevo panorama mediático (Albert Rivera).
    No debemos obviar que Pablo Iglesias en apenas dos semanas va a tener presencia en La Sexta Noche, Al Rincón de Pensar y el cara a cara con Rivera en Salvados.