Podemos: ¿una respuesta real a los dilemas de la acción colectiva?

El malestar ante las estrategias del partido emergente provoca el surgimiento de propuestas por la confluencia entre diversas fuerzas sociales y la vuelta a las calles.

asamblea sol
Asamblea celebrada el 16 de mayo de 2011 en la Puerta del Sol de Madrid / A. ALCOLEA

Tras 28 días de ocupación en la Puerta del Sol de Madrid, la Acampada Sol fue levantada el domingo 12 de junio de 2011 bajo el lema «No nos vamos, nos expandimos» para llevar las asambleas populares a los distintos barrios de la comunidad. Para un sector importante de la sociedad –especialmente los medios de comunicación y los partidos políticos mayoritarios-, este proceso descentralizador fue interpretado como la confirmación del declive del 15M como movimiento social capaz de enfrentarse a los principales problemas de la vida política española.

Llegada la dispersión de las asambleas, diversas personalidades se pronunciaron a favor de una demanda que ya se venía escuchando desde distintos sectores del discurso hegemónico: reclamaban, en efecto, la necesidad de que los partidos integrasen las propuestas políticas surgidas de los procesos deliberativos del movimiento o, en caso negativo, crear un nuevo partido. Dicho de otro modo, se pedía al 15M la asimilación de un modelo organizativo convencional y adaptable al sistema político actual: una élite o vanguardia que representase los intereses del movimiento. De esta manera, volvía a resurgir el clásico dilema de la organización de las acciones colectivas en el escenario político-social. Si el movimiento quiere sobrevivir al tiempo y a las circunstancias coyunturales deberá pasar irremediablemente por las instituciones.

La cuestión a entender es que la propia ocupación en la Puerta del Sol surgió como un elemento de repertorio eminentemente discutible para una mayoría de participantes que, o bien no procedía de las asociaciones que articulan el 15M en un primer momento, o carecía de experiencia previa en movimientos sociales. Este conflicto se puede explicar desde el concepto de choque cultural propuesto por la socióloga americana Ann Swidler: la ocupación como parte de las estratégicas de acción significa un éxito para los sectores más radicales de la acción colectiva, mientras que para el resto suponen una contrariedad a la autoridad del sentido común y tradiciones asumidas. Por un lado, las primeras exageraciones de la fuerza por número convencieron a los participantes de que eran más fuertes de lo que realmente eran, pero, por otro lado, al exagerar su fuerza los activistas del movimiento forzaron confrontaciones con las autoridades, distanciando así simpatizantes y seguidores potenciales.

“Podemos surge como producto de las oportunidades políticas generadas por el 15M y comienza a construirse –de manera simbólica- como una respuesta a los clásicos dilemas de la acción colectiva” 

Este proceso de ruptura de consensos en lo que se refiere a estrategias de acción explica las divisiones que se llevaron a cabo en un movimiento tan heterogéneo como el 15M, que dieron lugar a la creación de la Coordinadora 25S, o la llamada de algunos grupos a la creación de grupos organizados de autodefensa para las manifestaciones. De esta forma, las dificultades en la lucha cultural contra la visión presentada de los mass media, que presentaban el movimiento bajo un conjunto de claves negativistas y poco esperanzadoras, el problema organizativo y el dilema de la acción colectiva, serán nuevas oportunidades políticas para otros grupos de acción; en este caso, el partido emergente español Podemos.

Los medios de comunicación –y especialmente la prensa periódica- juegan un papel central en la construcción simbólica de la participación electoral como respuesta a los problemas sin resolver de la acción colectiva. De hecho, a lo largo de los días posteriores de las elecciones europeas, se encargaron de presentar a Podemos como una maduración del 15M que asume que cuando un movimiento social pierde fuerza –si es que de verdad la ha perdido-, sus demandas solamente pueden progresar por canales institucionalizados y profesionalizados. Por otro lado, el uso del este término describe por contraposición a la acción colectiva como un sujeto inmaduro y falto de estrategias de acción funcionales en el ejercicio del framing de los medios.

Podemos surge, entre otros motivos, como producto de las oportunidades políticas generadas por el 15M y comienza a construirse –de manera simbólica- como una respuesta a los clásicos dilemas de la acción colectiva. Así, vemos como una respuesta mágica a un problema humano histórico se acaba convirtiendo en no mucho más que un eco de lo que ya conocíamos: la inoperatividad de la acción colectiva se soluciona saltando a las instituciones. Sin embargo, la estrategia planteada ha generado un claro desgaste a tenor de diferentes elementos trazados tras el acceso del partido a puestos de poder.

“Pese al paso del tiempo, las soluciones siguen ancladas en la idea de la vanguardia y las élites políticas profesionalizadas” 

A saber, encontramos un claro proceso de moderación del partido, que ha viajado desde una reivindicación propiamente de izquierdas, del partido herramienta capaz de articular las demandas ciudadanas, hasta llegar al punto muerto del centrismo y los ideales socialdemócratas. Por otro lado, las primarias en circunscripción única, el excesivo personalismo del líder Pablo Iglesias, la negación a confluir en un frente de izquierdas y el abandono de los ideales participativos en torno a los círculos han generado gran desapego entre sus potenciales electores naturales. Este viraje ha llegado a estallar dando lugar a la marca Ahora en Común, de la que forman parte personas procedentes de Podemos, las candidaturas municipalistas, Izquierda Unida y Equo.

La llegada de Podemos a la real politik ha sido, sin duda, su suerte y su condena. Nos es suficiente con echar la vista atrás unos meses atrás para comprobarlo, cuando el nuevo partido iniciaba sus andaduras en el terreno político proclamándose participativo y abierto a través de la creación de los círculos a los que posteriormente ha restado fuerza. Sin embargo, la vinculación de esa fuerza con el partido, en efecto, se hace resaltable bajo un nuevo concepto de herencia en relación al 15M por parte de algunos dirigentes de Podemos en declaraciones a los medios. Y así lo afirmaba Juan Carlos Monedero cuando decía: “Hay gente que dice que el 15M no sirvió para nada. Si no sirvió para nada, ¿qué hacemos aquí?”.

En cuanto al clásico dilema de la continuidad en la acción colectiva, se hace necesario señalar que, pese al paso del tiempo, las soluciones siguen ancladas en la idea de la vanguardia y las élites políticas profesionalizadas. La constancia de estas respuestas refleja un claro problema estructural en las sociedades contemporáneas, puesto que aunque existe un claro interés colectivo por el cambio social, los valores históricos globales no encuentran medios para articular sus demandas en propuestas de acción operantes. Por tanto, en tanto que la cultura influye en la acción por medio de la forma y la organización de esos eslabones, la sociedad requiere reformulaciones culturales para mejorar sus estrategias de acción colectiva. El problema de esta cuestión reside en que la cultura, como elemento inherente a un sistema de organización social, está determinada por el resto de elementos sistémicos, a los que la mayoría social no tiene acceso.

El reto desde el campo de las ciencias sociales consistirá, en adelante, no solamente en analizar cómo funciona la dinámica relacional entre los partidos emergentes y los cambios sociales, sino también en encontrar nuevos modelos de análisis socio-culturales que den verdaderas respuestas a los dilemas de la acción colectiva.

Alejandro Alcolea Marín

Alejandro Alcolea Marín

Comunicación Política e Institucional. Interés por la investigación social en nuevas tecnologías, cultura política y movimientos sociales.
Alejandro Alcolea Marín