Psicología de masas y propaganda política en la actualidad

Un análisis de la teoría de la psicología de masas y la propaganda de Theodor W. Adorno y su aplicación en la actualidad.

propaganda
Sergio Casal ©

Para el filósofo alemán Theodor Adorno (1903-1969) –uno de los máximos exponentes de la Escuela de Fráncfort y de su teoría crítica–, la política de propaganda fascista, y de forma más específica la del nacionalsocialismo del NSDAP, respondía a un patrón claro: la reiteración de significantes flotantes con un significado minuciosamente prefabricado a través de cadenas de equivalencia. Ideas sin mucho contenido político pero transmitidas en arengas con una poderosa carga sentimental, capaces de convertir los discursos en auténticos fenómenos de masas.

Un ejemplo de este tipo de ideas fue la que obsesionó a Hitler hasta sus últimos días: la Endlösung der Judenfrage. La transmisión de este tipo mensajes de alto contenido xenófobo era llevada a cabo por responsables de comunicación que ellos denominaban rabble rousser (literalmente “agitadores de la chusma”, ya que el término comprendía a las masas proletarias de Alemania, mayoritariamente empobrecidas). Estos “agitadores” transmitían de forma sistemática la propaganda de carácter violento, explotando el carisma del líder con el objetivo de despertar la tendencia “irracional e impulsiva” de las masas de tal forma que interiorizasen y legitimasen el contenido del mensaje.

En este tipo de propaganda entraba en juego como marco de referencia la teoría psicoanalítica de la psicología de las masas y el análisis del yo (Freud, 1921). En esta obra, el psicoanalista alemán analiza el concepto ilustrado de la masa y los indicadores de por qué la masa (foule) es tal. Según el Freud hay que rechazar la idea de que son los instintos sociales los que anexan a los individuos dentro de una muchedumbre. Él se decanta más bien por las concepciones clásicas de la irracionalidad de las masas en las que se habla de una cuestión de naturaleza “libidinal”, por los beneficios que reporta al individuo su rendición ante la muchedumbre homogeneizada bajo la figura de un líder carismático (Le Bon, 1881).

Otra de las cuestiones que preocupaba a los Nazis era cómo transformar esa energía sexual pasiva común de las masas en sentimientos que las mantuviesen unidas en pos de sus intereses. La respuesta estaba, precisamente, en el líder: trasladar la función tradicional del padre freudiano a la figura de alguien con autoridad en el discurso, como Adolf Hitler. También era necesario depositar la imagen del amor platónico en el conjunto significativo de “nación alemana”, con el objetivo de que la sociedad le rindiese culto a su patria por encima de todo. Es decir, que con esta propaganda, se lograba exaltar un sentimiento protonacionalista en el cual el hombre-masa (Ortega y Gasset, 1932) supeditaba a la defensa de la nación el resto de responsabilidades públicas que, a priori, deberían ser atendidas por el Estado. Para conseguir esto, el ministro de Propaganda, Joseph Goebbels, trabajó a fondo el concepto de identificación, que se corresponde, dentro de la estructura enajenada del registro imaginario lacaniano, con el denominado Estadio del espejo (Lacan, 1966), en el cual el ser humano todavía (metafóricamente) no es capaz de identificar su entorno. Es la parte más temprana del complejo de Edipo y, antes de su superación, la interacción de la identificación de un “padre primario de la horda” –Hitler en el nazismo– imposibilita el desarrollo completo del raciocinio del individuo, que queda sometido definitivamente a la masa. Goebbels tenía muy claro que la propaganda debía suscitar las respuestas que las audiencias tenían previamente interiorizadas gracias a un porfiado y apriorístico trabajo de reiteración de significantes vacíos –el ejemplo de la Endlösung der jüdische Frage (Solución Final) o los Sonderkommando–, clave para los nazis, que funcionaban en el discurso de masas como un elemento que facilitaba las equivalencias entre los “significantes flotantes” (Laclau, 2005) de la época –crisis, comunismo, guetos, antialemán, raza aria– con un resultado exitoso, similar al de los populismos tradicionales.

En cuanto al análisis de la irracionalidad del antisemitismo Nazi, George Simmel ha aproximado mucho en su estudio de la teoría freudiana de la organización de la líbido. Este autor analizó los tipos de mentira y falseamiento, además de la forma en la que estos eran utilizados en el ámbito de la comunicación política para favorecer los intereses de los líderes en discursos banales y simplificadores, pero efectivos en cuanto a su aceptación dentro del conjunto de la opinión pública. Y es que existen muchas referencias históricas del germen de la Alemania nazi, así como del frame previo y los porqués de su éxito inicial entre las masas, pero no es correcto aislar estos hechos en una época pasada.

Actualmente, la utilización del ‘marketing político’ cumple una función propagandística similar a la de entonces –si no tanto en los fines–, en tanto vinculada con la teoría psicoanalítica contemporánea. La psicoanalista francesa Marie-Hélène Brousse (profesora asociada de la Universidad Paris VIII) afirma que, aunque nos separen muchos años, una Guerra Mundial y un cambio en la hegemonía productiva, el ser humano sigue siendo un animal, ergo el “ello freudiano” (encargado de las respuestas intuitivas del ser) no ha cambiado (Brousse, 2012). Las masas siguen siendo un elemento susceptible a ese tipo de propaganda, y mucho más en épocas en las que los ciclos económicos de contracción y crisis se trasladan a los hogares de las personas, más allá de los posibles cambios y avances culturales de esta etapa postfordista caracterizada por los cambios en la hegemonía productiva y en el modelo social basado en el Estado del Bienestar.

Pero no sólo existe el peligro de los fascismos y los movimientos de ultraderecha, que están en pleno auge en países con una larga tradición democrática como Grecia, Francia o Italia. En este contexto, el sector político más democrático utiliza las crisis para poner en práctica este sistema dialéctico de argumentaciones demagógicas con el fin de establecer un miedo que responde a la irracionalidad de las masas. Esto se observa en propuestas en las que se ofrece a la población seguridad a cambio de su renuncia a cierto tipo de libertades individuales, como en el ejemplo de la PATRIOT ACT aprobada por el Gobierno de los Estados Unidos despues de los atentados del 11 de septiembre. Existen otros casos muy famosos de grandes demagogos en la historia reciente de los Estados Unidos. El diplomático y Nobel de la Paz, Henry Kissinger, consiguió aumentar la popularidad de presidentes como Richard Nixon, a pesar de todo lo que supuso para el país la Guerra de Vietnam. Años más tarde, ese mismo presidente sería enterrado por la misma opinión pública tras la publicación del escándalo del Watergate por parte de los periodistas Carl Berstein y Bob Woodward.

La crisis actual no tiene una vinculación tan clara como la que tuvo la de 1967/73 en Estados Unidos con la guerra o la inflación. Es decir, que la guerra, el miedo al comunismo, e incluso el terrorismo (aunque sí sigue siendo utilizado en algunos discursos islamófobos) no son la excusa para la creación de propaganda basada en la comprensión y posterior manipulación del subconsciente humano. La crisis del modelo social y de producción ha sido recibida como una patata caliente –disculpando la expresión– por la clase política y los líderes visibles. La decadencia en el discurso político no responde a otro factor que la incapacidad de adaptación de los oradores al progreso intelectual de una opinión pública activa formada durante la etapa postfordista gracias a la progresiva universalización de la educación universitaria.

Aun así, el peligro sigue existiendo y se ve agravado en las situaciones de desigualdad socioeconómica (Wilkinson & Pickett, 2009). El auge del fascismo en la Grecia de la Troika, o en Francia, no guarda tantas diferencias con lo que sucedió en Alemania en los 30, a pesar de este proceso de ilustración de las masas. El partido neonazi Amanecer Dorado, sin un discurso político fiable, aprovecha esta situación de desigualdad e inestabilidad social y psicológica para llevar a la práctica propuestas basadas en principios xenófobos, como el reparto de alimentos básicos para todas las familias que demuestren ser “100 % griegas”. Las personas que no puedan dar de comer a sus hijos, no tienen más remedio que acudir a estos ‘caramelos envenenados’ ofrecidos por el fascismo. El siguiente paso es la victoria electoral, que –como en el caso de los nazis– sería aprovechada para instaurar un terror a una izquierda que, hasta la victoria de Syriza, no había tenido una verdadera oportunidad en la Europa posterior a la caída del Muro. Alexis Tsipras está llamado a gobernar para tratar de reducir esos niveles de desigualdad que han afectado directamente a parámetros tan graves como la esperanza de vida, los suicidios, los problemas de salud o la inestabilidad social, y que han aupado al neonazismo griego hasta la tercera fuerza política del país.

Grecia servirá como termómetro para el resto de la izquierda antiausteridad de Europa y en el transcurso de este año electoral en España, se observará la evolución y aplicación de la teoría de la psicología de masas en los discursos tanto de la izquierda como de la derecha. Será un buen año para la sociología, sin duda.

Referencias bibliográficas

– Brousse, M.-H. (2012). Psicoanálisis y Cultura. Jornadas de la Escuela Lacaniana del Psicoanálisis sobre el amor. A Coruña: Universidade de A Coruña.

– Freud, S. (1921). Massenpsychologie und Ich-Analyse. Berlín: Internationaler Psychoanalytischer Verlag.

– Lacan, J. (1966). Ecrits. París: Éditions du Seuil.

– Laclau, E. (2005). La razón populista. Madrid: Fondo de cultura económica de España.

– Le Bon, G. (1881). Psychologie des foules. París : PUF.

– Ortega y Gasset, J. (1932). La rebelión de las masas. Madrid: Anaya.

– Wilkinson, R., & Pickett, K. (2009). Desigualdad:. Madrid: Turner Publicaciones.

Sergio Casal
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Sergio Casal

Asesor en Comunicación Institucional at Diputación de A Coruña
Oleiros (España). Periodista (USC), especializado en Estudios Avanzados de Comunicación Política (UCM). Actualmente, asesor de Comunicación en Diputación de A Coruña y estudiante de Ciencia Política y de la Administración (UNED). Escríbeme a sergio.casalf@gmail.com
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