Un ‘alien’ testigo de las elecciones españolas

En épocas de globalización, no hay proceso político en un país importante que no tenga trascendencia en la sociedad internacional. Y España no es una excepción. Sin embargo, el que las noticias sobre el Real Madrid o el Barcelona tengan más presencia en los medios de comunicación de Latinoamérica dice a claras el interés que despierta las cruciales elecciones en territorio español.

Al otro lado del Atlántico, la información sobre el proceso electoral es, por decirlo de alguna manera, tan solo marginal. Nombres como los de Pablo Iglesias, Alberto Garzón, Pedro Sánchez o Albert Rivera pasan desapercibidos, si es que aparecen. Y el de Mariano Rajoy no se verá vinculado a su campaña política, sino a su papel como jefe del Gobierno español.

No es porque no interesen temas políticos de otros países. Noticias sobre la campañas presidenciales en Argentina y parlamentarias en Venezuela aparecieron con frecuencia en las páginas, tanto noticiosas o editoriales, de los medios de comunicación. Y las intervenciones de los candidatos a las primarias de los republicanos y demócratas en Estados Unidos se cubren como si fueran elecciones locales.

Sin embargo, es cuestión de estudiar un poco para darse cuenta de lo interesante que resulta el panorama. Eso si, con la irreverencia y despreocupación que da el no tener ‘piel en el juego’.

Primero, resulta curioso, viendo las elecciones desde países, como Colombia, en donde el multipartidismo es una constante electoral en los últimos 25 años, el interés que despierta este tipo de temas. En nuestras democracias se ha visto, en muchos casos, esta multiplicación, desordenada, de movimientos políticos como una muestra de inmadurez y caos de nuestras democracias. Sin embargo, los españoles ven este proceso como una evolución de su democracia en cercanías de su cumpleaños cuarenta.

Otro tema que interesa son la clase de partidos que aspiran al gobierno. Está el Partido Popular que, aunque en estos cuatro años de gobierno ha recuperado las cifras macroeconómicas de un país quebrado,  algo que en cualquiera de los países de este lado del mundo garantizaría su reelección, ve como su incapacidad para luchar en contra de la corrupción se convirtió en su peor enemiga.

Luego están los representantes tradicionales de la izquierda. Por un lado el PSOE, que durante estos cuatro años no pudo quitarse de encima la sombra de ser la organización política responsable de la crisis y además le sumó una interesante lucha fratricida que les hace llegar, aunque en la fachada no parezca, divididos a unas elecciones en donde más allá de buscar el poder en España, las facciones están luchando por establecerse al mando.

Por otro lado está Izquierda Unida, una agrupación con un líder joven como Alberto Garzón que despertado un mediano interés mediático. Sin embargo, lo que más llama la atención es que a nadie le resulte extraño que miembros de esa agrupación, aspirantes a cargos públicos en estas elecciones, se hayan convertido en defensores y voceros de los aún delincuentes miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), un grupo aun reconocido como terrorista por la Unión Europea.

En último lugar están las dos grandes novedades del mercado político español.  Podemos y Ciudadanos se han convertido en alternativas y grandes protagonistas de la actual campaña. Sin embargo, también sorprende el desinterés de los españoles ante el dato objetivo de que los miembros de la agrupación dirigida por Pablo Iglesias (Podemos) fueron, y en algunos casos aún lo son a la sombra, asesores del régimen chavista/madurista en Venezuela y defensores de la encarcelación de prisioneros políticos en el país suramericano.

Ya en el caso de Albert Rivera y sus Ciudadanos sorprende su poca credibilidad en ambos lados del espectro ideológico. Los de izquierda dicen que ellos son de derecha y viceversa. Y cuando les toca a ellos posicionarse resultan sospechosamente cómodos en un escenario de poca definición.

Así que desde tierras ‘en desarrollo’ se ve que el proceso político español, aunque no tiene los elementos caudillistas típicos de las elecciones de tipo presidencialista que tenemos por nuestros territorios, no es tan diferente de aquellos que se viven por acá.

Jairo Dario Velásquez

Jairo Dario Velásquez

Comunicador, con formación magistral en comunicación política y relaciones internacionales, además de especialización en estrategia política. Experiencia como periodista y editor en medios impresos y digitales; y como profesor e investigador universitario.
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