Un buen argumento I

El hemiciclo, los torneos, los círculos de sociedad y hasta el bar de la esquina son lugares donde el debate nos saluda. Con ocasión de las campañas electorales, los debates alcanzan la cuota máxima de visibilidad en la sociedad. Por el contrario,  el resto de la legislatura pasan inadvertidos aunque asomen aun en las conversaciones más triviales del ciudadano.

 

Probablemente, el intercambio de ideas y pareceres se nutra de una dinámica no conocida o insuficientemente explorada por el ciudadano de a pie. Nos referimos a la dialéctica. Dibujar el movimiento de ideas entre un interlocutor y otro. Vislumbrar qué trazos cuentan con el mayor grosor en el cuadro resultante. Discernir quién lidera el pincel o cómo retormarlo del adversario. Todo ello es posible si realizamos una biopsia de los argumentos o fundamentos de la postura y su posible interacción en vivo. Si quieres descubrir qué constituye un buen argumento, este es tu artículo.

 

En líneas generales, ante una disputa el orador se plantea cómo proceder. La anticipación es crucial pero insuficiente. El análisis sosegado mediante contraste de argumentos es el principio para elaborar los nuestros propios. Preparar las dos posturas aporta una visión panorámica de la discusión. Gracias a ello, se pueden establecer las posibles líneas de ataque y defensa. En cuanto a la exposición, el tono sereno y la iniciativa, cerrar y abrir frentes de discusión del adversario y propios, nos coloca en posición de dominación. El debate en vivo es el test del algodón para nuestras ideas. Si se han construido apropiadamente, los argumentos propios resistirán el contraste con los del oponente. Así pues la filosofía es la siguiente. La mejor defensa es un buen argumento, y un conjunto de buenos argumentos contribuye a la victoria en el debate.

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Construcción del argumento.

A la hora de construir un argumento, se divisan varios elementos. Éste se compone de una sucesión de afirmación que comprende premisa y consecuente y una conclusión lógica que nos da la razón. Veamos un ejemplo:

“Beñat nació en Irún. Los nacidos en Irún son españoles. Por tanto, Beñat es español.”

Igualmente, se han de aportar evidencias que transmitan objetividad. Podemos presentar un certificado de nacimiento y mencionar las leyes de nacionalidad vigentes. En contraste, el adversario debe neutralizar dichos apoyos. Podría descubrir la falsedad del certificado, o abordar la dimensión identitaria del sujeto que asegura sentirse vasco exclusivamente.

 

Vayamos un paso más allá. Como vemos, la dinámica de refutación revela la esencia de un argumento. Además, lo expone a  sus debilidades potenciales (las falacias o fallas en la construcción del argumento y su apoyo). Para un argumento a prueba de balas dialécticas, sigue el ABCD.

A. En relación a la cuestión en liza. El argumento no ha de eludir la cuestión del debate, la pregunta explícita o el tema acordado.

B. Blindado ante posibles refutaciones. Se han de aportar datos objetivos, de fuentes reconocidas, de fecha reciente y claramente relacionados con el argumento. Pero atención, se pueden cometer diversas falacias. A continuación se muestran algunas de ellas:

  1. Falacia de afirmación gratuita y el muñeco de paja: no se apoya en evidencias o razonamientos, y se deforma el argumento contrario para facilitar su refutación.
  2. Cherry-picking: el picoteo o sesgo de la muestra de casos debido a un repertorio insuficiente y deliberadamente seleccionado.
  3. Falsa causa: considerar una condición necesaria como suficiente (uno dice que la calle no puede estar mojada porque no se ha regado, aunque sí lo esté puesto que ha llovido). También se recogen otros subtipos como la concatenación injustificada de causas (efecto dominó o pendiente resbaladiza), la relación espuria o no considerar el rol de un agente intermediario entre dos factores que los influye (dos fenómenos aumentan no porque uno sea causa de otro, sino que hay correlación porque un tercero los incrementa a la par), o cambiar de orden la causa y el efecto.
  4. Ambigüedad: la afirmación no tiene significado claro sino más de uno, o incluso es tan vaga que no es posible discernirlo de entre los posibles.
  5. Petición de principio: se basa en una premisa que no se puede verificar, y sobre la que reposa la carga de la prueba.
  6. Composición: afirmar que una parte es de una determinada manera y el conjunto también. Sería falacia si las propiedades de las diversas partes son distintas y no se puede aplicar la misma afirmación para el conjunto.
  7. División: falacia inversa a la de composición. Por ejemplo, el bizcocho es dulce, por tanto, sus ingredientes también lo son (aunque lleve ralladura de limón, fruta ácida antes de combinarse para hacer el bizcocho).
  8. Continuum: se afirma que no existen diferencias entre los extremos y que cualquier límite establecido sería arbitrario. Por ejemplo, cuando no se divisa a partir de qué grado un objeto pierde una propiedad determinada (vivir muriendo o cuánto pelo ha de perder un hombre para considerarse calvo, etc.). La ambigüedad de la transición impide realizar afirmaciones de la propiedad del objeto en cambio. Sin embargo, existe un contraste evidente entre uno y otro extremo. Mientras el objeto se dirija a uno y otro polo, y cuanto más próximo se encuentre de uno de ellos, la falacia del continuo cobra más fuerza.
  9. Wishful thinking: apoyo exclusivo en la emoción o ilusión, no en la razón.
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Falacia del cherry-picking o picoteo.

C. Con razones consistentes. No se ha de incurrir en las siguientes falacias:

  1. Sofisma patético: se apoya en emociones, no pruebas.
  2. Falacias ad homninem: ataque al oponente, no al argumento.
  3. Pista falsa: irse por las ramas para evitar refutar.
  4. Falacia populista: se apoya en la opinión general de la población, sin atacar el argumento per se.
  5. Falacia genética: se pretende desprestigiar el argumento por el origen o estado anterior del objeto, sin alusión al estado actual del que se debate.
  6. Falacia non sequitur: no hay relación verosímil entre la premisa y el consecuente.

D. Reconocimiento de excepciones. Un argumento ha de ser aplicable a los casos tratados en el debate, y la pertinencia depende del contexto de las diversas posturas. Por un lado, el argumento puede ser contradicho por enfoques centrados en otras dimensiones (económica, jurídica, política, moral, entre otras). Se deberá asegurar que la dimensión prevaleciente (por ejemplo, jurídica frente a política) es la que apoya al argumento de la postura propia. Por otro lado, se ha de concretar el grado de probabilidad (de 0 a 100) o la posibilidad de ocurrencia (elección verosímil entre varios contextos).

 

Concluimos, todas las indicaciones de este artículo responden a las necesidades de una buena defensa. En la práctica debatiente, preparar exhaustivamente la postura asegura un mínimo de éxito. De hecho, existen otros factores allende la estructura argumentativa que reman a favor. Para una visión más completa, en la segunda entrega, vemos el debate como batalla de imágenes y de recuerdos. Igualmente, si se te ocurren sugerencias, no dudes en dejar un comentario, lo tendré en cuenta para nuestra siguiente cita. Y, sobretodo, tenlo presente donde vayas: la mejor defensa es un buen argumento.

Óscar Rioja
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Óscar Rioja

Grado en Ciencias Políticas. Máster en Comunicación Política. Apasionado de mi trabajo.
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