Vox: La derecha en su 15-M

Por Sergio Casal y Rodrigo de Miguel

En los últimos tiempos se escucha como un mantra “no habléis de ellos, pues les hará crecer”. Un rumor en el viento. Una música antigua que muchos no quieren oír. No nos excusaremos diciendo que no hemos hablado de Vox antes de que tuvieran representación para no “darles un altavoz”. No. De Vox y del resurgir de la extrema derecha hay que hablar, porque es política española contemporánea, porque hay mucho de comunicación política en ello y porque creemos que es hasta sano.

Cuando “nadie”entiende por qué sale elegido Trump, por qué salen elegidos Bolsonaro, Salvini, Le Pen… quizá haga falta dejar Twitter un rato y pararse a analizar estos fenómenos detenida y sosegadamente, en lugar de criminalizar a quien los sigue. En Politizen lo hemos hecho y vamos a intentar plasmarlo.

Empecemos por lo más sencillo. ¿Si hablamos de un‘resurgimiento’, dónde estaba la ultraderecha hasta ahora?

El discurso de ultraderecha no nace de entre las setas y cala un día por casualidad. No existe una persona que se despierta un buen día y dice “hoy me apetece ser un fascista”. Conseguir 12 diputados en el parlamento andaluz no es fruto de la casualidad y tiene su caldo de cultivo. Si nos centramos en los acontecimientos previos a estas elecciones, parece que hay un punto de inflexión que centró a Vox en el debate mediático en España: el domingo 7 de octubre, Vox reunió a 9.500 personas en Vistalegre (quedándose fuera unas 3.000) según fuentes del propio partido de Santiago Abascal. Para que os hagáis una idea de la magnitud, Podemos reunió a 9.000 personas en su asamblea Vistalegre II en 2017, tres años después de su surgimiento y ya consolidados en el panorama político. Bien, ese día, desde Vox activaron el ‘botón’ de uno de los sentimientos más potentes en política: la ilusión.

Bien, ¿y cómo ha permanecido su tipo, o tipos, de votante oculto en la derecha pero sin reconocer en público sus ideas, ni sacando pecho de sus concepciones frente a todo lo que se considera ‘políticamente correcto’? Para intentar aclararlo, no hemos querido coger el último CIS, sino uno de hace unos meses, ya que así se entiende mejor cómo ha surgido tan fuertemente Vox en poco tiempo. Vayamos por partes:

1. ¿Dónde estaban los votantes de Vox antes de Vistalegre?

Hasta hace pocos meses los estudios sociológicos nos indicaban claramente cómo el Partido Popular era capaz de capitalizar la práctica totalidad del votante situado en la extrema derecha. Mientras en otros países la irrupción de partidos de este corte ideológico hacía proliferar los escaños para estas formaciones (en algunos casos, hasta han llegado a formar gobiernos), en España la hegemonía prácticamente total sobre el votante de todo el espectro ideológico de la derecha ha sido del PP.

Hasta el punto de que ha convertido en anecdóticos e insignificantes otros movimientos políticos con esos valores que, por otra parte, siempre han existido: Falange Española, España 2000, Democracia Nacional, Fuerza Nueva… todos encarnan los valores de la extrema derecha y se han enorgullecido abiertamente del uso de la violencia contra el que no piensa como ellos, contra el inmigrante, y exteriorizado sin complejos su simpatía hacia el Franquismo, el Nazismo o el Fascismo italiano. Por eso se decía aquello de que “al menos en España no sale la ultraderecha”.

Escala ideológica en España (CIS JULIO 2018)

FUENTE | Elaboración propia a partir de datos del Barómetro del CIS de julio de 2018

Para no centrarnos sólo en la situación inmediata e intentar entender cómo ha llegado hasta lo que es ahora el fenómeno, hemos mirado el CIS de julio. El centro derecha, la derecha y la extrema derecha sumaban en julio de 2018 el 20,2 % de los potenciales electores en España, según recogía el estudio. Veamos cómo se distribuía su intención de voto según los datos de recuerdo de voto en ese mes.

Según ese CIS, el recuerdo de voto de la gente de extrema derecha (recordemos, el 1,93 % de los votantes) indica que el 76,2 % lo hicieron por el PP, sin haber absolutamente ningún otro partido que llegue a un porcentaje superior al 5 %:

Recuerdo de voto en la extrema derecha en las últimas generales 

FUENTE | Elaboración propia a partir de datos del Barómetro del CIS de julio de 2018

La cuestión es que, si nos centramos incluso en la derecha, donde se autoubica prácticamente el 10 % del electorado, vemos cómo los datos en el recuerdo de voto son muy similares:

Recuerdo de voto en la derecha en las últimas generales 

FUENTE | Elaboración propia a partir de datos del Barómetro del CIS de julio de 2018

Incluso en el centro-derecha, donde Ciudadanos ya pasa del 5,8 a un nada despreciable 19,30 % de los votantes, el PP sigue siendo hegemónico con más de un 40 % de los electores autoubicados en el centro-derecha:

Recuerdo de voto en el centro-derecha en las últimas generales

FUENTE | Elaboración propia a partir de datos del Barómetro del CIS de julio de 2018

Incluso cuando en julio de 2018 se les preguntó a los españoles a quién votarían en caso de unas nuevas elecciones generales, la hegemonía dentro del PP en el votante de derecha seguía siendo abrumadora.

Intención de voto en electores de derecha en julio de 2018 (CIS)

FUENTE | Elaboración propia a partir de datos del Barómetro del CIS de julio de 2018

Pero, ¿qué pasaba entonces en la extrema derecha, entre ese 1,9 % de la población, tres meses antes del acto de Vox en Vistalegre? Pues que las personas que decían apoyarles sobrepasaban ya en intención de voto a Ciudadanos, cuarta fuerza política del Congreso. La hegemonía desde el centro derecha hasta la extrema derecha seguía siendo del PP, pero parecía que alguien empezaba a intentar abrirse hueco. Había alguien que empezaba a aglutinar gente que no se sentía representada.

Intención de voto en electores de extrema derecha, julio de 2018 (CIS)

FUENTE | Elaboración propia a partir de datos del Barómetro del CIS de julio de 2018

Es aquí donde Vox, aupado además por un contexto complicado fruto de una serie de crisis relacionadas tanto con el modelo económico de los últimos años, el drama de las personas refugiadas, o la configuración territorial del Estado español, cambia las reglas del juego y, una vez más, el lenguaje es una de las claves para esto.“Dormíamos, despertamos”

2. “Dormíamos, despertamos”

¿Recordáis esta frase? Hace unos días la pusieron en una placa en la madrileña Puerta del Sol, referente del 15-M. Hacemos alusión a ella porque, en realidad, el fenómeno de Vox tiene muchas similitudes con este movimiento, aunque pueda sonar raro. En la ciencia política se ha hecho referencia muchas veces, y en especial en los últimos años, a lo que se llama el ‘momento populista’. Este no es más que aquel en que se dan las condiciones para que un determinado discurso cale en un amplio colectivo de gente, normalmente muy transversal, contra un enemigo o enemigos comunes. Ya hemos dicho que, en realidad, en Andalucía no votaron a Vox 400.000 ultraderechistas o fascistas. Simplemente su mensaje caló muy bien entre un colectivo. Les despertaron, les motivaron, les movilizaron. Pero, ¿por qué?

En realidad, el discurso de Vox no ha calado en los estratos más bajos de la sociedad, como sí lo ha hecho el de otros movimientos de extrema derecha en países como Francia. Su votante es de clase media y media-alta. Igual que pasó en el 15-M. Vox ha apelado a problemas de esta clase, como la seguridad, la unidad nacional o la corrupción política, no tanto a problemas materiales. También ha sido un voto ‘antisistema’ como demuestran ya algunas encuestas, y como también pasaba con el movimiento 15-M. Recordemos que incluso había muchos sectores de la derecha que estaban de acuerdo con él (llegó a tener una aceptación de alrededor del 80% de la población). Según muchos analistas, fue un movimiento de tipo populista, que principalmente atacaba a la corrupción y al bipartidismo como ‘sistema’. Finalmente cristalizó en Podemos (que nunca superó el 20% en intención de voto), Ciudadanos (que alcanzó cifras similares) y, sobre todo, en una alta desafección hacia la ‘clase’ política.

¿Qué ha ofrecido Vox en Andalucía? Acabar con el ‘sistema’-régimen del PSOE andaluz, muy vinculado a la corrupción; acabar con el ‘separatismo’ catalán (era la primera vez que se votaba desde los hechos del 1-O y 27-O en Cataluña) y ofrecer mayor seguridad a los ciudadanos ‘nacionales’ ante el fantasma de la inmigración. Estos dos últimos elementos son los que lo definen como un populismo de derechas. Apelar al elemento de unidad y seguridad entre los ‘nacionales’ es una estrategia que han empleado desde Trump hasta Le Pen.

Quiere decir esto que en Vox la gente no puede tolerar a las personas extranjeras simplemente por su origen, etnia o raza? Creemos que no, simplemente se juega con el otro ‘botón’ fundamental en la política: el miedo. A día de hoy, la crisis de proyecto que sufre Europa y las enormes incertezas que deja el mercado de trabajo, así como los recortes en el sistema público han provocado una inseguridad en gran parte de la población de cara a su futuro y el de sus familias. Y aquí otro apunte fundamental: apelar a la familia siempre ha sido un factor de éxito en política, especialmente en los países de tradición católica como el nuestro y en los sectores conservadores. Todo junto: un caldo de cultivo idóneo para los líderes con discursos xenófobos y, por definición, simples. Lo que coloquialmente siempre se ha conocido como ‘fachas‘, un término ahora volátil y que está siendo reinventado para convertir al votante ‘tipo’ de Vox en víctima. He aquí otra clave en el lenguaje de Vox:

3. Reinventando significantes: ‘Facha’

Lo cierto es que siempre ha existido lo que se denomina como ‘facha’. Y siempre ha habido ‘fachas’ orgullosos de serlo, sí. Pero los casi 400.000 votantes de Vox en Andalucía no son eso, ni entes aparecidos de la nada. Son, como muchos de ellos se califican, “gente normal” que ha existido siempre y ha estado camuflada en un Partido Popular hegemónico en la todo el espectro político de la derecha. Es un fenómeno de indignación. Abascal es más Trump que Franco o Don Pelayo. Vox es un fenómeno que atrae a gente que no tenía un espacio donde sentirse cómoda, que necesitaba una formación que les dejase desacomplejarse, que compartiese sus símbolos, que sintiese como ellos, que hablase como ellos.

Han completado un trabajo que Albert Rivera había dejado a medias cuando empezó a decir aquello de “ahora resulta que los que queremos ser españoles en Cataluña somos fachas”: Vox ha ido un paso más allá y ha adaptado para sí el término. Ha conseguido que el ‘facha’ medio se enorgullezca públicamente de que se lo llamen, de que le acusen de tener ideas tan reaccionarias como la preferencia nacional, de tener un discurso políticamente incorrecto pero con sutilezas. Todo bajo un disfraz de victimismo. Con esa estrategia de cambio de significado, y a través de la reiteración en discursos públicos, los de Abascal han conseguido que el imaginario colectivo de la derecha se reinvente y llene de contenido nuevo el significante ‘facha’ (‘vaciado’ entre muchos), y siempre con términos y verbos en positivo. Fijaos en esta ‘joya’ discursiva en Vistalegre que, por otro lado, es lo primero que aparece en Google si tecleamos en su buscador “vox fachas”. Nada es azaroso en estrategia política:


“Porque los sambenitos y los insultos de Pablo Iglesias, de Pedro Sánchez y Quim Torra nos los ponemos como medallas en el pecho”. Santiago Abascal, Vistalegre 2018

Durante este fragmento de su intervención en Vistalegre, Santiago Abascal llegó a introducir la palabra ‘facha’ con sus nuevos significados hasta en 13 ocasiones, colándola en el ‘top 10’ de los términos que más usó durante todo el discurso. Esto tampoco es un hecho casual.

FUENTE | Elaboración propia a partir de análisis de discurso en Vistalegre

Como hemos señalado, esta situación de vaciado de contenido ha ido precedida de un exceso de uso del término ‘facha’, abusando a la hora de atribuirlo muchas veces sin demasiada reflexión, tal y como señala Abascal, como un “sambenito”. Esto ha provocado una pérdida del significado inicial para una parte importante de la sociedad, que incluso lo asocia a un discurso de odio hacia todo ‘lo español’. 

Muchos están asimilando para sí el término con frases del tipo “si amar a tu país es ser facha, soy facha”. Llegamos al punto en el cual miles y miles de personas asumen sin complejos ese calificativo —recogido en la RAE como deformación coloquial del término italiano ‘fascista’— aun cuando su significado real hace referencia a concepciones políticas reaccionarias y muy peligrosas para las sociedades democráticas.


4. El fascismo ‘cool’ no lleva esvásticas

Pero, si de repente ‘facha’ ya no tiene el mismo significado y las ideas políticas tradicionalmente asociadas a ese término se disfrazan de otras para conseguir apoyo ¿cómo reconocer al fascismo actualmente?

Actualmente, los partidos de derecha en España (por lo menos a nivel institucional y en el ámbito público) se cuidan mucho de referencias o simbología asociada al nazismo, al franquismo o al fascismo. Es cierto, todos sabemos que muchos simpatizantes de Vox son amigos de llevar banderitas con el águila de San Juan, con la heráldica carlista e incluso de ir cantando el ‘Cara al sol’. ¿Pero habéis visto a Santiago Abascal entonándolo directamente en un acto público? No. Porque sabe perfectamente que con esvásticas o el brazo en alto no podrán llegar al Congreso. Probablemente este momento sea el más ‘tenso’ en este sentido que se haya vivido en el proceso electoral en Andalucía, donde la muchedumbre no dudó en entonar, animado por un DJ que se debatía entre “Malamente” y el himno de la Legión:

Suena “El novio de la muerte” durante la celebración del resultado electoral de Vox en Andalucía | FUENTE: Patriotismo ejemplar

Este ‘fascismo cool’ necesita desvincularse de viejas referencias. Eso sí, sin perder sus propuestas reaccionarias y su lenguaje sutilmente belicoso: “Muro infranqueable” es uno de los términos que Vox utiliza en sus “100 medidas urgentes para España” en las cuales, por otro lado, no hay ni una sola alusión a los términos ‘Franco’ o ‘Franquismo’. 

Ejemplo del lenguaje agresivo que tanto éxito ha dado a Vox y a Abascal en las redes sociales

Uno de los mejores ejemplos de esto es el posicionamiento del partido con respecto a la homosexualidad. En lugar de decir abiertamente: Somos tradicionalistas, conservadores y reaccionarios, no nos gusta la homosexualidad y perseguiremos a quien tenga una preferencia sexual diferente a la que nosotros digamos; dicen no, es que las fiestas del Orgullo elevan el gasto público; es que vulneran los derechos y las normativas municipales; es que son una imposición ideológica. En fin, es como si, por así decirlo, maquillasen una esvástica con purpurina y algodón de azúcar para tratar de presentar como ‘justificables’ dentro de su electorado unas ideas que promueven el odio y la homofobia.

Pero, como dijo Umberto Eco en una conferencia pronunciada en la Universidad de Columbia en 1995, “basta con que una de estas 14 características esté presente para que cuaje una nebulosafascista”. Son las siguientes:

UNA REFLEXIÓN FINAL: ¿Tolerantes con la intolerancia?

Gracias al framming planteado y aprovechado por Vox, en la cual el español medio es supuestamente discriminado y vilipendiado “por amar a su país”, hemos alcanzado un punto en el cual la extrema derecha se está ‘victimizando’. Está tachando al resto de actores en el tablero político de intolerantes y ha defendido a ultranza su derecho a tener ideas reaccionarias por vivir en un país democrático donde nos ampara la libertad de expresión. Y os preguntaréis, ¿es esto posible en una sociedad democrática? Para el filósofo austríaco Karl Popper no. De hecho, en 1945 -eligió un buen año- le puso un nombre: La paradoja de la tolerancia. Esta concepción filosófica sostiene que la tolerancia ilimitada nos puede llevar a la desaparición de la propia tolerancia (por ello se le llama paradoja).

Según Popper, en una sociedad tolerante y democrática, extender la tolerancia a ideas manifiestamente intolerantes puede acabar con los intolerantes eliminando tanto la tolerancia como a los tolerantes. Otros filósofos de la talla de John Rawls, autor de La Teoría de la Justicia, sostienen que “mientras una secta intolerante no sea señalada como intolerante, goza de libertad, la que debe ser restringida sólo cuando los tolerantes, sinceramente y con razón, crean que su propia seguridad y la de las instituciones que garantizan la libertad están en peligro”. Obviamente extender esta teoría a la realidad resulta mucho más complicado, puesto que las etiquetas de ‘tolerante’ e ‘intolerante’ no son elementos que se lleven tatuados en la frente, y la subjetividad juega un papel muy importante en la sociedad, pero nos orienta con respecto a actitudes intolerantes. E incluso Popper relataba la necesidad de agotar las vías del diálogo y los mecanismos de las sociedades abiertas y democráticas con estos movimientos antes de aplicar su famosa paradoja. Nosotros lo dejamos a vuestra reflexión.

Sergio Casal
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Sergio Casal

Asesor en Comunicación Institucional at Diputación de A Coruña
Oleiros (España). Periodista (USC), especializado en Estudios Avanzados de Comunicación Política (UCM). Actualmente, asesor de Comunicación en Diputación de A Coruña y estudiante de Ciencia Política y de la Administración (UNED). Escríbeme a sergio.casalf@gmail.com
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